dijous, 19 de maig del 2011

Midnight in Paris

Esta vez sí. Esta vez vuelve a tocar un Woody Allen brillante. Desde que sus películas comenzaron a oscilar desde obras maestras a simplemente buenas, cada año temo por ver que me encontraré. No espero volver a ver al Woody Allen en su punto álgido de creatividad, pero sí a ver películas como Midnight in Paris.

Se entiende perfectamente la rapidez con la que se ha estrenado, la misma semana de su presentación en Cannes. Pues toda la promoción, tráiler incluido, se reserva comentar explícitamente la sorpresa principal del argumento.

Woody Allen rinde homenaje al París que fue centro cultural del mundo hasta que Nueva York, su ciudad natal, la desbancó. Se nota que, a pesar del compromiso publicitario con la ciudad de París, Allen también se siente emocionado por poder narrar parte de su historia artística. Consigue introducir el tema nostálgico por el pasado y por un mundo ficticio, de un modo similar a La rosa púrpura del Cairo (The purple rose of Cairo, 1985), mezclándolo a la perfección con su habitual análisis de las relaciones sentimentales. Siempre abiertas al cambio, y muy poco estables.

Owen Wilson ejerce del personaje habitual que hubiese interpretado el propio Allen unos años atrás. Pero lo hace de forma natural, sin caer en la imitación como ocurrió en las películas de Allen protagonizadas por Kenneth Brannagh (Celebrity, ídem, 1998) o Jason Biggs (Todo lo demás, Anything else, 2003). Mientras el elenco de secundarios sigue reuniendo a estrellas famosas que rebajan sus ingresos para aparecer en las películas de un director único.

Lluís Alba

dijous, 5 de maig del 2011

El último exorcismo

La ficción basa su poder en sugestionar al posible receptor de tal manera que, consciente o no, sienta empatía con lo narrado. Los más de 100 años de historia del cine y una cultura visual imperante, dificultan engatusar al espectador para que crea en la posibilidad de que lo mostrado en pantalla sea real. Conseguir que la ficción pase por realidad es un logro tan difícil como estimulante. Más si nos centramos en el género de terror, donde la sugestión del miedo se ve directamente proporcionada por la capacidad de realismo del relato. Para conseguir ese logro, vemos como se ha iniciado, en la última década, una recreación para simular el documental de las películas de terror: El proyecto de la bruja de Blair (The blair witch project, 1999) de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, [REC] (ídem, 2007) de Jaume Balagueró y Paco Plaza, Paranormal activity (ídem, 2007) de Oren Peli y, ahora, El último exorcismo.

Al igual que [REC], esta película comienza como si se tratase de un documental que sigue a un predicador en un acto cuotidiano de su trabajo como exorcista. Pretende demostrar la falsedad de las posesiones demoníacas. Nos enseña como, mediante trucos de magia y, la sugestión de sus palabras, puede llegar a engañar a quién desee. Enfatizando en todo su prólogo que puede hacer pasar por real cualquier discurso, siempre que el espectador desee ser engañado. Por lo que se genera un juego de paralelismos en la película que va desde el espectador consciente de ver una ficción, presentada como si fuera real, hasta los personajes de la película que creen en la posesión demoníaca y los personajes que no creen en el diablo pero se ven envueltos en una historia que podría ser real.

La interesante idea de jugar a dos bandas basada en la autenticidad de la posesión demoníaca, acaba diluyéndose en un final demasiado convencional. Incluso demasiado abierto para la posibilidad de generar una secuela que, de momento, no parece real aunque cualquier día lo podría ser.


Lluís Alba

Thor

¿Existiría esta película de no haber un proyecto para realizar Los Vengadores? No lo sé, pero seguro que no se hubiese hecho de esta manera.

A Thor le falta la entidad suficiente para poder analizarla como película indivdual. Tiene momentos mejores, como todo lo que ocurre en Asgard, en los que se plasman perfectamente las viñetas del cómic, con un Thor usando su martillo como cualquier aficionado al superhéroe de Marvel deseaba ver. También construye bien al villano de la función, dotando de credibilidad la personalidad manipuladora de Loki. Así que, los dos personajes principales dan el pego suficiente para verlos aparecer en la película que reunirá a la mayoría de superhéroes Marvel que hemos visto en los últimos años en el cine.

Pero... cuando caen del mundo fantástico y se topan con la realidad de la Tierra, todo se supedita a ordenar los elementos de manera que Thor llegue a formar parte de Los Vengadores. Nada más parece demasiado importante, por lo que la sensación de estar viendo el capítulo piloto de una serie es la que queda al salir del cine.

No sé si, para satisfacer el apetito del aficionado marvelita serán suficientes los guiños que aparecen en la película: los cameos de Stan Lee o J. M. Straczynski, la presencia de El ojo de Agamotto del dr. Extraño, el cubo cósmico o la fugaz aparición de Ojo de halcón, una antesala más de lo que se nos ofrecerá el año próximo con la película de Los vengadores de Joss Whedon. Lo que sí espero es que tal supeditación al "supergrupo" haga que se note la personalidad del creador de Buffy la cazavampiros y no ocurra como en Thor, donde Kenneth Branagh pasa por aquí como un Brett Ratner cualquiera.


Lluís Alba

dijous, 28 d’abril del 2011

El amor y otras cosas imposibles

Había perdido la pista de Don Roos, o más bien no había tenido demasiado interés en seguirla. Mi condición de fan de Christina Ricci hizo que, casualmente, estuviera en el cine el día del estreno de Lo opuesto al sexo (The opposite of sex, 1998). Una peli independiente que cosechó buenas críticas, pero no tuvo una continuidad regular en el resto de su trayectoria.

De no ser por el reciente Oscar de Natalie Portman, posiblemente esta película no hubiese llegado a nuestras salas para pasar directamente al mercado doméstico o en televisión. Este último medio parece el más indicado para un melodrama típico de telefilm de la sobremesa de fin de semana. Tampoco creo que se la deba etiquetar así, por tener un sentido excesivamente peyorativo, pues se trata de una película más que correcta sobre como afectan los cambios de pareja en nuestra sociedad monoparental. Lo muestra desde todos los puntos de vista posibles: la amante, el marido, la cornuda, el hijo del anterior matrimonio... Incluso se ofrece un paralelismo con la situación similar por la que pasan los padres de Emilia, el personaje interpretado por Natalie Portman con el que engrandece la película.

Un tema interesante sobre el que reflexionar tratado con superficialidad y representado con demasiados estereotipos. Algo determinante que diferencia una peli ordinaria de las obras de maestros como Ingmar Bergman.

Don Roos vuelve a contar con la colaboración de Lisa Kudrow en un papel secundario importante, a quién me cuesta verla lejos de la surrealista personalidad de Phoebe y, hasta en un puro melodrama como este, sigo riéndome con ella.

El conjunto gustará a todos aquellos aficionados a la ponderación de temas dramáticos, a quién le guste ver vidas sufridas en pantalla. Un gusto tan respetable como el de los criticados aficionados del torture-porn.


Lluís Alba

dimecres, 20 d’abril del 2011

Scream 4

No parece que nadie estuviera pidiendo a gritos (risas) el retorno de la saga Scream. Pero tampoco creo que moleste la "revisitación" de la trilogía 11 años después de su última entrega.

Scream nació como película slasher que, al mismo tiempo hablaba sobre el género que tanto se popularizó a finales de los 70 y 80. Una idea metafísica sobre la que Wes Craven ya había experimentado en La nueva Pesadilla (New nightmare, 1994). Por lo que el guión de Kevin Williamson parecía perfecto para unir ambos interesados.

¿Qué aporta la nueva entrega? Pues más de lo mismo, adaptado a los nuevos tiempos. Referencias a Facebook y Twitter, a las películas de la primera década del siglo XXI (terror japonés y la saga Saw), algo más de gore en sus escenas y un inicio ingenioso. También demuestra la importancia del guión de Williamson, pues la calidad de la película es mucho más cercana a las dos primeras entregas, que a la floja tercera parte donde él no participó.

Probablemente lo que más controversia creará es el final escogido. Tiene todos los visos de dividir a los seguidores entre conservadores y renovadores.

Lluís Alba

Código fuente

Cuando Duncan Jones debutó en el cine con Moon, se apostillaba insistentemente que era el hijo de David Bowie. Su mayor conquista ha sido que, ahora, se refieran a él como el director de Moon.

El guión de un tal Ben Ripley (con un currículum poco destacable de TV movies y secuelas olvidables de Species) tiene ciertas similitudes con la historia de Moon, por lo que debió parecer lógico que Duncan Jones fuera elegido para tomar las riendas de Código fuente. Ambas tienen a un personaje principal como absoluto protagonista de una historia de ciencia-ficción, que descubrirá junto al espectador lo que está viviendo y será el único capaz de resolver su situación.

Pero el minimalismo de Moon deja paso a una película de mayor presupuesto con una premisa que mezcla Atrapado en el tiempo (Groundhog day, 1993) de Harold Ramis y la serie A través del tiempo* (Quantum leap, 1989-1993) de Donald P. Bellisario.

El resultado es una más que entretenida película, en la que el aparente argumento principal pasa a un segundo término cuando se centra más en las paradojas temporales, algo que los aficionados al género agradecerán por encima que cualquier atención a la trama inicial sobre un ataque terrorista sin demasiada miga.

Lluís Alba


*En Catalunya fue conocida como "El salt" en sus primeros pases y, posteriormente, como "El viatger del temps".

dijous, 7 d’abril del 2011

Inside job

Como en su anterior documental, No end sight (2007), Charles Ferguson vuelve a relatar unos hechos de sobra conocidos por todos que, a pesar de ser reiterativos, siguen siendo necesarios.

Probablemente no sirva para cambiar la situación, pues se trata de un mal endémico propio de nuestra especie. El poder y la ambición hacen que todo valga, hasta pisotear al resto de personas, con tal de conseguir lo que se desea. En el documental se muestra como, los mismos que han provocado la crisis de manera consciente, han sido los mayores beneficiados. Y, además, siguen ocupando los mismos puestos de poder en el gobierno de EEUU. Todo sigue igual, e incluso mejor para ellos.

El tipo de propuesta se asemeja a las realizadas por Michael Moore. Ambos atacan al poderoso (disparan hacia arriba, como diría Monegal) y dejan en evidencia a sus invitados, incluso llegando a ridiculizarlos si es necesario. Por el contrario, Ferguson, se muestra menos egocéntrico, evita su imagen en pantalla y escoge a un actor profesional como Matt Damon para la narración en off.

El nivel de comprensión también es más alto, la cantidad de datos técnicos que aporta, dificulta que el espectador medio pueda comprender la totalidad del documental. Aunque, estratégicamente, las ideas se van aclarando, de manera que hacia el final todo se hace más inteligible para que, hasta los menos instruidos en materia económica, podamos salir con la sensación de haber sacado algo en claro.


Lluís Alba