dijous, 29 d’abril de 2010

Fantástico sr. Fox

Fantástico sr. Fox aparentemente es una rareza en la filmografía de Wes Anderson. A pesar de ser su primera película de animación y estar basada en una obra ajena, no deja de tener los tics (en el buen sentido) propios de su cine. Una declaración de intenciones que se hace explícita con el tic que repite durante todo el film el zorro protagonista. Pues no deja de ser un guiño directo al espectador para decirle que, a pesar de adaptar un cuento de Roald Dahl, estamos ante una película de Wes Anderson.

Pero… ¿qué tiene en común el escritor de cuentos como Charlie y la fábrica de chocolate, Matilda o James y el melocotón gigante con el universo de Anderson? Pues bien, para responder a eso, debería haber leído alguno de esos cuentos. Aunque, por lo visto en sus adaptaciones fílmicas, sólo encuentro una cosa en común: la excentricidad.

Así, Wes Anderson, toma como referente el cuento de Roald Dahl para llevarlo a su terreno. Todos los personajes tienen mucho en común con el resto de su filmografía. Es fácil imaginar a Ash, el hijo del sr. Fox, como el personaje habitual de Jason Schwartzman. O reconocer a la familia Tennembaum en la familia zorruna.

Lejos de variar el rumbo del cine de Anderson, la adaptación del libro de Roald Dahl ha servido sólo para conseguir una película más equilibrada en su conjunto. Aunque me encanta la excentricidad de Anderson, sin duda esta es su película más accesible hasta el momento.

Da pena sentarse en una sala vacía para ver esta joya, no sólo técnicamente, si no llena de momentos hilarantes, bien estructurada, dinámica, con gloriosos diálogos y buenos personajes. Por desgracia, hoy en día, una película de animación en stop-motion, sin gráficos generados por ordenador ni proyección en 3D, no merece la atención ni de la propia distribuidora (Fox) que sólo parece haber llevado a cabo este proyecto por coincidir su nombre con el del título del film. La nula promoción de la película que, a pesar de estar dirigida a un público adulto, puede ser digerida con facilidad por los niños, obliga a pensar que sólo se ha estrenado en cines para poder venderla a mejor precio cuando se edite en formato doméstico.

Lluís Alba

dijous, 22 d’abril de 2010

Alicia en el país de las maravillas

Hace ya unos cuantos años que Tim Burton vive del recuerdo. De aquel cineasta que fue. Ahora forma parte de una gran maquinaria capaz de crear películas con el piloto automático, mostrando sólo reflejos de sus mejores momentos. Poco exigente con los guiones que le ofrecen (cada vez entiendo más como una incompatibilidad de ego, su desprecio por el guión de Kevin Smith para la no-película de Superman que se perpetraba en los 90), y menos aún con las exigencias de sus productores, a los que no les pone ningún impedimento cuando le obligan a modificar su película para un visionado en 3D. El éxito económico en las taquillas no le dejará ver el alto nivel de auto-parodia que se puede apreciar en Alicia en el país de las maravillas.

La película aburre en su mayor parte, y lo más triste es que lo único interesante de su argumento se muestra cuando Alicia no está en el país de las maravillas. Pues toda la idea de una especie de secuela de los dos libros de Carroll, no es más que un refrito de lo que ya hemos visto, sin ninguna nueva emoción. Quedando todo a merced de un diseño de personajes interesantes, pero insuficientes para aguantar todo un film. Uno de los pocos cambios remarcables de la conocida historia, consiste en darle un mayor protagonismo al Sombrerero loco, única y exclusivamente para reírle las gracias a Johnny Depp. Cargando la película en exceso de un personaje secundario, al que no le conviene nada su aumento de protagonismo.

Tratándose de una adaptación libre, es triste que la mayoría de buenas ideas no sean más que repeticiones de lo que ya se pudo ver en la versión de dibujos animados de 1951. El único cambio, el diseño de producción habitual en el cine de Burton hará las delicias de las Gothic Lolitas. A fin de cuentas son las que se gastarán el dinero en el merchandising.

Nuevamente en un film de Burton, los personajes malvados son los que tienen un mayor interés. EL Stayne de Crispin Glover y La reina roja de Helena Bonham-Carter, son los mejor construidos, tanto en su interior como en el exterior. Consiguiendo Tim Burton que su esposa tenga un look más raro a cada película que pasa.

Lo triste es que, tras ver la película, el único apunte interesante fue -OJO SPOILER DEL FINAL- cuando Alicia navega hacia China. Por fin finalizaba la eterna repetición de esquemas, ante la recién madurez de Alicia. Lástima que los créditos del final interrumpieran un film que empezaba a evolucionar.

Lluís Alba

Desde París con amor



La factoría de películas de acción de Luc Besson, puede tener sus detractores. Pero son productos conscientes de ellos mismos, meros entretenimientos sin más pretensiones. Exitazos en la taquilla francesa como la trilogía Taxi, ampliada al mercado anglosajón con la saga Transporter. Una muestra de la capacidad de reproducir un éxito en cadena con los mismos esquemas. En 2008, Besson produjo Venganza, de Pierre Morel, director con el que vuelve a repetir en Desde París con amor.

A pesar de que ninguna de estas películas destaque por un guión elaborado, sólo al servicio de las escenas de acción, en Desde París con amor, se desprecia tanto que acaba rayando el ridículo. Así, el suspense del inicio y la brutal parte central en la que hace su aparición el personaje de John Travolta, acaba diluyéndose en una tontería donde desaparece todo lo apuntado hasta el momento. Llegando a extremos tan ridículos que sólo cabe pensar en la auto-parodia para dar alguna explicación de por qué llega a aburrir una producción pensada en causar el efecto contrario.

Por lo menos, para los aficionados a las action-movies de colegas, está esa parte central. Un refrito loco de las propias películas de Besson, de Training day o, incluso, de Pulp Fiction (con homenaje a la Royal with cheese).

Lluís Alba