dilluns, 22 de desembre de 2008

El intercambio

Cuando oí hablar por primera vez de El intercambio, Clint Eastwood dirigiendo un guión de mi idolatrado J. Michael Straczynski, pensé que se trataría de una peli de ciencia ficción. Me cuesta ver paralelismos entre Babylon 5 (podría poner alguno pero sería cogido con pinzas) y esta película, así que poco más voy a opinar del factor decisivo que tenga el guionista en esta peli, y sí del de su director.

Sin lugar a dudas, esta es una peli de Clint Eastwood, un thriller sobrio, drama, buena dirección clásica, excelente dirección de actores (incluso Agelina Jolie parece buena actriz), recreación perfecta de la época etc…

Cuesta creer que la peli esté basada en hechos reales, una corrupción tan abiertamente obvia de la policía sería impensable ahora (seguramente también la habrá, pero más encubierta y sibilina). Pero, para ello, hay que pensar en la época en la que ocurren los hechos (de 1928 a 1935), cuando una mujer independiente no estaba muy bien considerada. Por eso no es de extrañar el (mal) trato del capitán de policía hacia Christine Collins, si no que el resto de personas a su alrededor, piensen igual o no, le dejan actuar impunemente. Por eso encontré a faltar que sólo juzgaran al capitán de policía y a su directo superior, dejando exentos al médico corrupto, al director del psiquiátrico y al resto de enfermeras que trabajan ahí.

Uno de los grandes aciertos de la peli es mostrarnos una época en concreto sin caer en el tópico de ir mostrando los acontecimientos históricos que todos conocemos. No hay referencia alguna al crack del 29, seguramente porque a la persona que protagoniza la peli no le importe lo más mínimo y tenga, en el rapto de su hijo, una crisis personal mucho más importante que cualquier crisis financiera que tanto se preocupan de hacernos notar.

Además del drama personal que padece la protagonista, hay unos pasajes de la peli en la que seguimos la investigación de un policía (esta vez sí parece honesto) sobre un niño que debe extraditar a Canadá.Mostrándonos la América gótica de terror más profunda, y uno de los mejores momentos de la historia. Incluso ahí está una de las mejores secuencias, cuando el niño le va relatando todos los crímenes que ha tenido que ver, y vemos cómo el cigarro del policía se ha consumido entero sin que este haya podido dar ni una calada por el asombro de lo que le están explicando.

Todo esto, hace que la peli más fácilmente comparable a El intercambio sea Mystic River. En la que también estaba muy presente el fácil abuso que puede tener un adulto sobre un menor.

En mi opinión, no es la mejor peli de Eastwood, ni una obra maestra. Pero sí una muestra perfecta de buen cine clásico y convencional bien hecho, que más de algún director quisiera poder hacer.

Lluís Alba

dimarts, 16 de desembre de 2008

My blueberry nights

Presentada en Cannes en Mayo de 2007, por fin llega al circuito comercial español My blueberry nights. No seré yo quien descifre los entresijos de los retrasos y cambios de fecha de las distribuidoras, pero es conveniente que una película se estrene bajo la estela de su fama y no cuándo la mayoría han olvidado su existencia.

My blueberry nights es la primera película de Wong Kar Wai en EEUU. Por suerte no lo hace como muchos directores asiáticos contemporáneos, contratados por grandes estudios para hacer remakes o versiones de sus mismas películas. Si no que se trata de una peli independiente, dónde Wong Kar Wai puede tener la libertad de trasladar su universo e ideas a los EEUU.

Con el cambio de idioma ha necesitado la ayuda de un guionista americano para ayudarle, Lawrence Block, reputado escritor de novela negra. Seguramente su aportación se deba más al lenguaje y a la ayuda de convencionalismos americanos en los que Wong Kar Wai pueda encontrarse perdido. Pues en lo demás, no se aprecia diferencia entre sus precedentes películas, siempre guionizadas por él en solitario.

La peli nos muestra tres historias de amor, pero de diferente calado. En las que tenemos a Lizzy (Norah Jones) como nexo de unión y a la que seguimos para que nos muestre cada historia. Empezando por su propia historia, en la que conoce a Jeremy (Jude Law), un tipo que está delgado a pesar de ponerse ciego de pasteles cada noche en la cafetería que regenta. Así se conocen dos personas, ahogando sus penas en una tarta de arándanos.

Formalmente vemos todos los elementos que aparecen en la filmografía anterior del director, la cámara lenta que ya pudimos ver (quizá abusivamente) en 2046, el papel pintado de las paredes, las luces de neón, los relojes de pared, la importancia de la música en el relato.

Además del debut como actriz de Norah Jones, también tiene su aportación musical con una canción suya hacia el final. Como curiosidad, también diré que no es la única cantante que aparece en la película, Chan Marshall (o Cat Power, que es como se la conoce musicalmente) tiene una breve pero importante aportación en la película, como ex novia de Jeremy (Jude Law). Por lo visto Wong Kar Wai pasó durante todo el proceso de localización del film escuchando a Cat Power, finalmente no eligió ninguna canción suya para la peli, pero sí que creyó importante que ella apareciera.

Personalmente mi película favorita de Wong Kar Wai es Deseando amar, seguramente por el momento en que la vi significó mucho más que cualquier otra peli del director. Pero como siempre que doy mi opinión procuro ser subjetivo, creo que My blueberry nights tiene todo lo necesario para convertirse en mi segunda peli favorita de su filmografía. Al menos me ha parecido mucho más accesible que la anterior 2046, película pretenciosa en exceso.

Lluís Alba

dissabte, 13 de desembre de 2008

Ultimátum a La Tierra

¿Son necesarios los remakes? En general podría decirse que no, pocas ocasiones un remake supera la original. Pero meterse a volver a hacer una peli de hace más de 50 años, que está considerada como una obra maestra, sólo cabe en la cabeza de un loco o de una multinacional. La crisis de ideas de los grandes estudios les hace buscar historias de debajo de las piedras, sin importarles si deben o no respetar el medio al que se dedican.

Aunque no esperaba que la peli fuera mejor que la original, sí esperaba algo más. Y entrar en una sala a ver una peli sin tener grandes expectativas y salir decepcionado dice poco del film.

El arranque vertiginoso que tenía la peli original se pierde totalmente en una búsqueda de dar una explicación científica a la llegada de Klaatu a la Tierra. Ya me parece bien que haya cambios en el guión, de hecho preferiría que hubiese más y se les hubiese ocurrido que podrían hacer una peli partiendo de cero, que también es posible. Digamos que lo mejor de la peli es esta aportación en la que se explica cómo un alienígena tiene apariencia humana. Eso y unos efectos especiales, lógicamente, más avanzados, es lo único bueno que se puede destacar de este remake.

El guión es bastante flojo, tiene más agujeros que los calcetines de Rajoy. Por citar uno, al inicio, cuando llega la esfera a la Tierra, se supone que va a tal velocidad que podría destruir el planeta. Lo único que se les ocurre es enviar a todos los científicos en helicóptero al mismo sitio dónde debe caer el peligroso objeto, es decir, envían a los que deben investigar este problema al lugar dónde tienen más posibilidades de morir.

La principal diferencia de una historia a otra, es el motivo de la llegada de Klaatu a la Tierra, mientras que en la original se hacía por el peligro de la guerra fría y las armas nucleares, aquí es por ecologismo. Como si actualmente no hubiese guerras, ni armas nucleares. Aunque esto le va perfecto al director, Scott Derrickson para incluir su iconografía religiosa: paralelismos de Klaatu con el Mesías, el arca de Noé seguido de una cantidad de escenas de lluvia abundante, el plano obvio de una iglesia en contrapicado con la esfera llegando a la Tierra, personas de diferentes culturas rezando ante la inminente llegada de la nave espacial etc…

Los personajes son bastante planos, y el único que tiene una serie de matices interesantes, es el niño (hijo de Will Smith), pero que llega a ser tan repelente que desearías que Gort lo matase al principio de la peli. No sé hasta que punto es repelente el personaje o el propio actor, habrá que esperar a sus próximas películas para comprobarlo.

Es poco creíble la cambio de actitud de Klaatu en la película, no parece lógico que una decisión tan drástica como la que tiene que llevar el personaje, sea tan poco estudiada, y más viniendo de un grupo de civilizaciones tan avanzadas.

Sobre Gort (al cuál tienen que buscarle una explicación a su nombre, cuando quizás no hacía falta), aquí realizado por ordenador, resulta más creíble que el traje de gomaespuma de la clásica. Pero lo que significa el personaje ya no es lo mismo, convirtiéndolo en un icono desaprovechado. Quizás hubiese sido mejor (aunque demasiado friki para Fox) que Gort hubiese ido destruyendo la Tierra como un Mazinger Z gigante en lugar de ese enjambre copiado de La Momia. Ese gran final, por duro y aséptico que tenía la peli de Robert Wise, aquí se desmorona como el enjambre de insectos en el que se transforma el robot. Todo por la búsqueda de un Happy End, en lugar de dar un final de advertencia a los espectadores como en el original.

Este cambio de Gort, también afecta a la secuencia más recordada del clásico original, cuando Patricia Neal decía las palabras Klaatu Barda Nitko. Aunque también aparecen en esta película, seguro que no hubiesen pasado a la historia de no ser por cómo se trataron en la película de Robert Wise.

Lo único que puede tener de bueno este remake es que haya jóvenes interesados en el cine que descubran que existía un clásico de la ciencia ficción de 1951 y se interesen en verla ahora. Pero, si llega a un 1% de los espectadores ya será todo un récord.

Lluís Alba

dimarts, 9 de desembre de 2008

Mongol

Biopic nominado a la mejor película de habla no inglesa en la pasada gala de los Oscar (de la que resultó ganadora Los falsificadores). Narra la infancia y juventud de Temudgin, un nómada mongol que acabará siendo mundialmente conocido como Genghis Khan.

Sergei Bodrov escogió Genghis Khan, porque en la escuela siempre era presentado como un monstruo (los mongoles ocuparon gran parte de Rusia durante 200 años). Más adelante se interesó por saber más de la persona que unificó al pueblo mongol y conquistó casi toda Asia. Leyendo todo libro que pudo sobre Genghis Khan descubrió su infancia, llena de tragedias: huérfano, esclavo, su mujer fue raptada y traída de regreso embarazada etc…

Esto es lo que vemos en la película, más basada en leyendas y especulaciones que en una realidad prácticamente desconocida. Bodrov rueda una superproducción sin tantos medios como el cine de Hollywood, pero con una mirada superior a la que estamos acostumbrados. Intercala muy bien las secuencias de acción con otras más pausadas. Todas están bien rodada, las batallas, a pesar de contar con multitud de personas luchando se entienden perfectamente. En general no pecan de exceso de espectacularidad. La espectacularidad se la guarda para un par de acciones clave. Más allá de si la historia es real o no, se entiende perfectamente y se llega a comprender las motivaciones del personaje y en lo que se convertirá. Son más de dos horas que se pasan volando y un final que te deja con las ganas de más.

Tadanobu Asano, actor japonés que hemos podido ver en occidente en Ichi The Killer (de Takashi Miike) y en Zatohichi (de Takeshi Kitano), es el encargado de dar vida a Temudgin. Y no podría haber escogido mejor, le da un gran carisma al personaje y está a la altura en todos los matices que tiene, tanto en escenas de lucha, como en las más íntimas con su mujer o su hermano de sangre.

Rodada en Rusia, China y Kazahstan, con los mismos paisajes dónde ocurrió la historia real, unido al uso de la lengua mongol, da un toque de realismo mayor al que estamos acostumbrados. Si a eso unimos una ausencia de molestos efectos digitales, con una minuciosa reconstrucción de la época, nos da como resultado una película que resulta tan interesante al que va a ver un espectáculo como al aficionado a la historia que desee aprender más.

Lluís Alba

dimarts, 2 de desembre de 2008