dijous, 25 de febrer de 2010

Un profeta

Me confieso, esta es la primera película de Jacques Audiard que veo. A pesar de los elogios que había leído sobre él y, sobre su anterior película, De latir mi corazón se ha parado (es el título de la peli no lo que me ha ocurrido al leer sobre Audiard). Estamos ante un cine de autor más que accesible, pero como ocurre en estos casos, lo que no es accesible es el acceso a su visionado. Son películas que no estarán en el videoclub de la esquina y la única esperanza de verlas en condiciones son en su efímero paso por los cines entre Avatar y Avatar, ni siquiera su rastreo por internet resulta fácil (aunque todavía no he desistido a encontrar sus anteriores pelis).

He leído que Audiard siempre hace la misma película, ni lo sé ni me importa (de momento), pues Un profeta es una magnífica obra por sí sola y no tiene la más mínima importancia si el tema es poco original o reiterativo en su filmografía. Como bien había leído, la influencia de (cuando) Scorsese (era bueno) es clara y, por supuesto, de El padrino de Coppola.

Para mi generación y para los más jóvenes, el visionado de El padrino puede resultar gozoso, pero uno siempre tiene la sensación de estar viendo un hecho histórico que refleja un pasado más o menos reciente. Un profeta es El padrino de nuestros días, y eso le otorga una sensación de realidad superior, a pesar de que todo sea ficción.

El argumento pueda resultar increíble, pero está tan bien definido y detallado que lo imposible se convierte en real. El personaje protagonista, su evolución de un delincuente analfabeto sin amigos que aprende en la cárcel todo lo que no ha podido aprender en su vida, la relación con las diferentes etnias que pueblan la prisión y, especialmente, con Luciani está tan bien relatado que las dos horas y media de duración no son en ningún caso una exageración en el metraje, si no algo completamente necesario (a pesar del dolor de nalgas que representa esa duración en según que cines).

Así que, si esta semana sólo podéis ver una película debería ser esta, mientras tanto yo seguiré en mi búsqueda de anteriores películas de Audiard por la red.

Lluís Alba

Daybreakers

En los tiempos actuales, en los que la calidad y originalidad de las series de televisión de los EEUU están por encima de las pelis de Hollywood, encontrarse en el cine una película de vampiros tiende a causar un efecto en el potencial espectador a creer que verá una película repetitiva y cansina. Aunque los vampiros en el cine no es algo que pueda decirse que se trate de una moda pasajera, más bien es algo que está de moda desde que se filmó Nosferatu en 1922, pero sí se nota que la saga Crepúsculo ha permitido una nueva vía de explotación de vampiros románticos. Seguramente haya ayudado a que se decidieran a producir series como True blood a partir de las novelas de Charlaine Harris y, con mayor probabilidad, The vampire diaries, una serie mucho más en la línea de las novelas de Stephanie Meyer. Pero también podríamos remontarnos a los 90 y creer que todo esto sin Buffy no hubiese sido posible.

Daybreakers no tiene, ni de lejos, la calidad de True blood, pero sí que es una estimable película de acción al más puro estilo serie B, con su dosis justa de gore para disfrute del público y entretenidísima hasta (casi) el final. Aunque también haya un romance entre un vampiro y una humana, no es este el elemento que mueve el argumento de la película. El leitmotiv es la original idea de que, en un futuro cercano, los vampiros son amplia mayoría y se están quedando sin humanos para beber su sangre. Original en la forma, aunque no tanto en el fondo que no viene a ser más que una metáfora directa del malgasto de los recursos naturales en nuestra sociedad actual.

Los hermanos Spierig, ya habían rodado en 2002 otra película de terror, también con un punto original en el que mezclaban zombies con alienígenas. Por lo menos se les ve una búsqueda de presentar las películas de terror de siempre con algún toque nuevo. Daybreakers resulta más afortunada que su predecesora, se nota un mayor presupuesto y cuenta con la aportación de actores famosos como Ethan Hawke, Willem Dafoe (un poco desaprovechado) y Sam Neill o proyectos de estrellas “hot” como Isabel Lucas (que ya le hizo la competencia directa a Megan Fox en Transformers 2). Lástima que el final quede diluido más en la búsqueda de una posible secuela que en dar un digno final al film.

Lluís Alba

dimecres, 17 de febrer de 2010

Percy Jackson y el ladrón del rayo

Rick Riordan publicó en 2005 el libro Percy Jackson and the lightning thief, una adaptación juvenil de la mitología griega ambientada en nuestra época. Pero también inspirada en la saga literaria juvenil más rentable de la última década: Harry Potter.

Como al joven mago, a Percy Jackson se le conoce por un nombre y apellido de dos sílabas fáciles de recordar. Vive en el mundo real sin saber que tiene un pasado mágico, o mitológico en este caso. Y, cuando lo descubre llegará a un campamento de semi-dioses donde podrá entrenar y conocer sus verdaderos poderes. ¿Podría existir Percy Jackson sin Harry Potter? Sí, pero sería completamente diferente.

Por supuesto, los productores de la película no dudaron en buscar la mejor manera para que la saga cinematográfica fuera un éxito y contrataron a Chris Columbus, el mismo que inició la saga Harry Potter en el cine. Aunque el nivel de producción de ambas películas sea parecido, queda patente que la imaginería que envuelve Hogwarts y su mundo es mucho más rica para ser trasplantada a la gran pantalla que las juveniles aventuras del hijo de Poseidón.

La película resulta un mero entretenimiento destinado a un público pre-adolescente, que no ofende demasiado, ni aburre. Pero tampoco llega a provocar ninguna emoción capaz de destacar demasiado por encima de la media de producciones similares. A pesar de tener algunos detalles interesantes, no exentos de ironía, como que el monte Olimpo esté situado sobre el Empire State y el infierno se encuentre bajo el cartel de Hollywood. O la inclusión de una pequeña broma (convenientemente actualizada) sobre la crisis.

Una crisis que no parece afectar a los protagonistas, unos jóvenes que no tienen problema alguno en viajar de una punta a otra de los EEUU sin más dinero que el que llevan en sus bolsillos. Y, como en Furia de titanes (curiosamente tiene previsto el estreno de un remake a finales de marzo) deben enfrentarse a criaturas de la mitología griega: el minotauro, medusa o una hydra.

Logan Lerman, consigue con este papel protagonista darse a conocer al gran público y ser un firme candidato para vestir las mallas de Spiderman en la futura película de Marc Webb.

Lluís Alba

dimecres, 10 de febrer de 2010

El hombre lobo

Joe Johnston, director de la reivindicable Rocketeer, también de Jumanji y de la tercera parte de Parque Jurásico (película con menos pretensiones que sus predecesoras y bastante superior a El mundo perdido, cosa que no era difícil) es el encargado del remake de El hombre lobo (The wolf man, 1941), uno de los clásicos por excelencia del cine de terror de la Universal que tanto éxito tuvo en las décadas de los 30 y 40 del pasado siglo.

Como es habitual en el director, la cinta es una perfecta obra de encargo bien dirigida, que consigue entretener durante la mayor parte del metraje. Tiene las concesiones habituales a los formalismos estéticos sin mucho sentido del cine comercial, pero es lo que menos se podía esperar.

El remake de la película de 1941 no olvida al resto de aproximaciones al hombre lobo. Así encontramos guiños constantes a otras películas: el criticado atuendo de El lobo humano (The werewolf of London, 1935), el plano de los pies en la transformación de Un hombre lobo americano en Londres (An american werewolf in London, 1981), la imagen del segundo hombre lobo similar a la de Oliver Reed en La maldición del hombre lobo (The curse of the werewolf, 1961), la muchedumbre agitada que siempre llegaba con antorchas al final de las pelis de la Universal e, incluso, se llega a tomar una idea del guión que nunca se llegó a realizar de Robert Florey: el origen del mito a partir de un niño criado por lobos.

La novedad más importante que se aporta en esta historia es la tortuosa relación entre Lawrence Talbot (Benicio del Toro) y su padre (Anthony Hopkins), que eleva los límites del sadismo puro en una relación paterno-filial antes vista en el cine comercial. Ambos actores están correctos, aunque Benicio del Toro parece que actúe dormido durante todo el film y a Anthony Hopkins le baste su natural socarronería para hacerse con el papel.

Si a todo esto le sumamos una buena dosis de acción bien ejecutada, el suficiente gore para no dejar indiferente a los fans del cine de terror y un final que deja las puertas abiertas a una curiosa secuela, estamos ante un digno remake que, a pesar de algunos altibajos, hará las delicias de los aficionados al género.

Lluís Alba