dijous, 29 de juliol de 2010

Sunshine cleaning

Los productores de Pequeña miss sunshine debieron creer que usando la misma palabra en el título de esta película, cosecharían el mismo éxito que con la película que descubrió a Abigail Breslin. Si eso no era suficiente, añadieron una furgoneta y a Alan Arkin interpretando un papel similar.

Ni esta película llegó a la ceremonia de los Oscars, ni tampoco resulta tan redonda. Su presunta originalidad radica en que dos chicas se encargan de limpiar los escenarios de crímenes (algo parecido a Tú asesina que nosotras limpiamos la sangre). Pero en el fondo nos habla sobre la evolución de unas chicas de clase media en un pequeño pueblo de los EEUU. Con los problemas comunes al resto de los mortales, la frustración de ver que nuestro presente no tiene nada que ver con el futuro que soñamos en la adolescencia.

Sunshine cleaning cuenta con la baza de estar protagonizada por Amy Adams y Emily Blunt. Su presencia consigue mantener mucho más la atención del público que un guión lleno de clichés académicos.

Lluís Alba

Pesadilla en Elm Street (El origen)

Será por nostalgia que Michael Bay lleva una década produciendo remakes de clásicos del terror de los 70 y 80. Será por nostalgia que este Freddy Krueger me resulte más falso que –parafraseando a Super López- un programa del Iñigo.

Tampoco ayuda que me la haya tenido que tragar doblada. Ni que Freddy Krueger comparta doblador con el padre de Laura en Cosas de casa (para más inri, hay un diálogo demasiado parecido a la coletilla de la serie: -Uno, dos y tres, no me enfadaré).

Como ya ocurrió en la segunda mitad de la primera parte del remake de Halloween, la película se limita a aprovechar la mayoría de secuencias que inmortalizó Wes Craven en 1984. Además de aportar a modo de déjà vu algún escenario común de sus secuelas (como es el bar en el que trabaja Nancy, mezclando así su personaje con Alice, la heroína de la cuarta y quinta entrega).

El único atisbo de originalidad se debe a unas pequeñas secuencias sobre el pasado de Freddy (o no tan pequeñas para las “mentes pensantes” que han colocado la coletilla de El origen en su título español), con el sutil cambio sobre los motivos que llevaron a los padres a quemarlo en vida. Y también, un inicio que, emulando a Psicosis, nos hace creer que la protagonista es otra persona.

Probablemente el maquillaje de Jackie Earle Haley simule mejor la cara de un quemado, pero el verdadero Freddy Krueger llevará siempre el rostro de Robert Englund.

Lluís Alba

Las vidas posibles de mr. Nobody

Trece años después de El octavo día, Jaco Van Dormael trata de explicarnos, en una sola película, que el azar y cada decisión que tomamos crea un mundo completamente distinto.

La propuesta es original, a pesar que podemos encontrar varias similitudes con anteriores películas: La vida en un hilo de Edgar Neville, Providence de Alain Resnais, Dos vidas en un instante de Peter Howitt o Corre Lola corre de Tom Tykwer.

El estilo de Van Dormael, alejado del cine autor europeo y más propio del mainstream americano, consigue que la compleja propuesta sea digerible para cualquier espectador. Aunque narrativamente vaya dando saltos en diferentes líneas temporales, Van Dormael viste todas esas secuencias como si de una película de Robert Zemeckis se tratara. Su admiración por el discípulo aventajado de Spielberg es tal, que no faltan homenajes. Como la canción Mr. Sandman que aparecía en Regreso al futuro o la inclusión de planos calcados a Forrest Gump.

El aspecto visual no es lo único que convierte esta película en algo más entendedor. Para clarificar las cosas, desde el inicio se nos esquematiza que mr. Nobody se relacionará con tres chicas. Además, el guión se decanta por una de ellas y utiliza su historia como núcleo principal de la película. La historia de amor adolescente, se nos alterna con dos posibles contrapuntos, dos extremos bien diferenciados de lo que podría haber dado la vida amorosa de mr. Nobody: Una relación de amor incondicional enfrentada a una relación vacía sentimentalmente dentro de una vida aparentemente perfecta.

Si con todo esto, el espectador todavía se pregunta de qué va la película, Van Dormael se encarga de darnos una respuesta final a todo lo que hemos visto. Curiosamente la explicación racional del argumento, se vuelve mucho más inverosímil que cualquier aspecto puramente ci-fi que contiene el film.

El cine de autor complejo nos ha acostumbrado a sentirnos humillados ante la superioridad intelectual de la obra. Van Dormael no nos deja ni fustigarnos con su película para salir del cine y gritar a los cuatro vientos que no somos dignos. Eso se lo dejamos a otros directores como David Lynch, Darren Aronofsky o Albert Serra.

Lluís Alba

dijous, 22 de juliol de 2010

Toy story 3

Recientemente se estrenó la cuarta parte de Shrek, una saga que ha ido degenerando en secuelas para aprovechar al máximo el tirón popular de la primera película. Por suerte en Pixar parece que las cabezas pensantes son mucho más sensatas. Con Toy story podrían haber hecho lo mismo, pero viendo que en 15 años se han hecho tres películas, demuestra el cariño especial con el que se cuida la franquicia que logró que se empezaran a producir películas de animación generadas íntegramente por ordenador.

Técnicamente se nota que han transcurrido los años y la mejora es sustancial. Como en Up, la visión con las gafas en 3D está buscada para darle una mayor sensación de profundidad integrada con la imagen, sin buscar ningún efectismo. Algo que me lleva a reflexionar si no es mejor verla en 2D, donde la pérdida de tridimensionalidad se compensa con una mejora de colorido e iluminación. Curiosamente Día y noche (el corto previo a la película), utiliza con buen criterio las 3 dimensiones, a pesar de estar creado a partir de dos personajes dibujados al más puro estilo tradicional en 2 dimensiones. Este corto de seis minutos es, sin duda, lo mejor que ha parido Pixar en su historia.

Sobre la película, poco más hay que decir para los que hayan visto sus anteriores partes. Pues sigue en la misma estela de creatividad (capaz de convertir una guardería en un campo de prisioneros para juguetes). La película domina perfectamente un gran sentido del cine espectáculo y de aventuras. Su guión, bien construido, consigue enganchar de principio a fin en el seguimiento de las peripecias de unos personajes que ya son como de la familia. Tampoco falta la búsqueda de empatía lacrimógena con el público en un análisis del paso del tiempo, de la madurez, de enfrentarse a la terrible situación del cambio generacional.

Es curioso que una película de animación protagonizada por muñecos resulte mucho más creíble que la mayoría de films que se estrenan cada semana. Incluso al límite de que lleguemos a pensar que pueden morir, a pesar de que eso sería impensable. No solo por tratarse de muñecos, si no por estar ante una película destinada (también) al público infantil.

Con la pérdida de identidad de Dreamworks, parece que el cine de animación comercial de calidad queda en manos de Pixar (y Disney, desde que Lasseter se hizo con las riendas) y el estudio Ghibli. La aparición de un peluche de Totoro es el particular homenaje de Pixar al estudio Ghibli, inspiración de Lasseter para dedicarse a la animación. ¿Veremos Buzz Lightyear surcando los cielos de la próxima película de Miyazaki?

Lluís Alba

Noche y día

Ha generado cierta polémica esta película. No solo por ver a James Mangold (director de películas más serias como Copland o El tren de las 3:10) construyendo un divertimento puro, si no, en España, por la ubicación en Sevilla de un encierro de San Fermín. Algo que nos choca porque conocemos el tema, pero es habitual en este tipo de producciones, incluso en aquellas aparentemente más realistas. Elevando de manera jocosa la incongruencia que mezclaba las fallas con la Semana Santa sevillana en Mission: Impossible II.

El film no engaña a nadie y, desde el inicio, se nos presenta como una clara parodia del cine de espías. Pero utilizando sus propias armas. Desde actores reconocidos hasta escenas de acción tan buenas (o incluso mejores) que las de los films en los que se basa. El guión está lleno de situaciones ingeniosas y diálogos divertidos que hilvanan perfectamente una sucesión de clichés vistos en películas de acción a las que hace referencia. Incluso con unos personajes mejor definidos. Pues, considerando que es una peli donde la acción prevalece por encima de todo, no escatima momentos para construir un pasado de los protagonistas o de presentar una serie de secundarios que les dan una mayor consistencia.

Tom Cruise se está moviendo para buscar nuevos roles interpretativos, pues sabe que tarde o temprano finalizarán sus días como héroe de acción y sex-symbol. Si en Tropic Thunder se disfrazó para buscar un tono de comedia, aquí no le hace falta hacerlo para parodiarse a sí mismo. Lo que no sé es si se le podrá tomar en serio cuando vuelva a enfundarse la piel de Ethan Hunt en Mission: Impossible IV.

Lluís Alba

dijous, 15 de juliol de 2010

El circo de lo extraños

Esta película pretendía comenzar una saga basada en unas novelas juveniles fantásticas escritas por Brian Helgeland. Pero parece que acabará en el olvido como La brújula dorada o Eragon.

No sé lo que pensaría de la peli si la hubiese visto con 13 años, pero lo que me queda claro ahora es que solo es digerible desde un punto de vista adolescente. En algunos momentos tiene el espíritu ochentero de películas como Una pandilla alucinante, pero, desgraciadamente no pasa de ser un superficial recuerdo para aquellos que añoramos una década en la que crecimos.

Quizás esperaba más de una película sobre vampiros y con un título que evoca a la mítica Freaks, la parada de los monstruos de Tod Browning. Así todo queda reducido a un mero entretenimiento para niños y adolescentes que pueden ir al cine con sus padres sin que les salpique la sangre. Y más si tenemos en cuenta que los vampiros de esta película se dedican a pelear con las uñas en lugar de morder con sus colmillos, como si se tratara de un espectáculo de Drag Queens en la gala de Las Palmas de Gran Canaria. Cierto es que las historias de freaks, mutantes y vampiros han servido como analogía para reclamar los derechos del colectivo gay, pero dudo que esta fuera la intención de la película… a no ser que haya algo más en el hecho que el adolescente protagonista acabe liándose con una chica que tiene rabo.

Paranoias aparte, lo poco que se puede destacar de El circo de lo extraños es un inicio que se atreve a parodiar (con cierta gracia) a El crepúsculo de los dioses de Billy Wilder y el empaque de credibilidad que aportan actores de renombre como John C. Reilly, Willem Dafoe, Salma Hayek o Ken Watanabe.

Lluí Alba

Shrek, felices para siempre

Supongo que el único motivo para haber hecho una cuarta parte de Shrek ha sido para finalizar con más dignidad esta saga tras el descalabro que supuso Shrek tercero. Quizás lo más coherente hubiese sido decir que nunca se hizo una tercera parte y borrar todas las copias. Pero como (todavía) no vivimos en una novela de George Orwell, la única posibilidad de hacer borrón y cuenta nueva consistía en mostrar una realidad alternativa a las aventuras del ogro verde.

Emulando a ¡Qué bellos es vivir!, Shrek visita un mundo alternativo donde se da cuenta que mal irían las cosas si él no existiera. La película aprovecha esta idea para poder explicar nuevamente los encuentros entre los personajes de un modo diferente. Y eso es prácticamente todo lo interesante que ocurre en el film, como queda perfectamente resumido en su trailer: Un gato con botas acomodado que ha acabado engordando y Fiona convertida en líder de una resistencia de ogros.

Poco hay más allá de cuatro pinceladas interesantes, como el poblado en el que viven las brujas, el gag del pestillo en el carruaje de los reyes o las pelucas de Rumpelstiltski. El único personaje nuevo destacado, el flautista de Hamelin, queda secundariamente desdibujado ante el aburrimiento general del resto de la película.

Irónicamente todo lo que criticaba la primera Shrek es en lo que se ha convertido esta saga. Pues, Shrek, felices para siempre, tiene un mensaje que no dista mucho de la moralina habitual de las series juveniles americanas que pueden verse cada día en Disney Channel.

Lluís Alba

La saga Crepúsculo: Eclipse

Cuesta opinar sobre una película destinada a un sector tan acotado como es el del público adolescente femenino. Aunque eso no tiene porque ser sinónimo de una mala peli, sí que es fácil hacerlo mal con este material de base. Luna nueva demostró esta premisa, convirtiéndose por derecho propio en una de las películas más abominables de la historia del cine. El listón estaba tan bajo, que los productores tuvieron la sabia decisión de contratar a David Slade, director de Hard Candy y 30 día de oscuridad, para remontar el nivel artístico (que no el económico) de la saga.

Sin mayores dificultades, Eclipse mejora su predecesora. No sólo por aportar más y mejores escenas de acción, si no porque tiene momentos en los que no llega a tomarse demasiado en serio a los personajes. Algo que le va bien a Taylor Lautner que, con su “interpretación” consigue elevar al nivel de Oscar las de sus dos compañeros Kristen Stewart y Robert Pattinson. El guión tiene una frase que incrementa la sensación de auto-parodia, cuando Edward le pregunta a Jacob si no tiene camisetas.

Vista la película, no me extraña que sea un éxito entre el público femenino adolescente. Pues todo el film es un calienta bragas, en el que se suceden secuencias que harán las delicias de sus sueños eróticos. Y todo eso a pesar del mensaje de la defensa de la virginidad antes del matrimonio que, por lo visto, parece totalmente compatible con la defensa de la masturbación femenina. Me pregunto que opinará Eduardo García Serrano sobre esta película.

David Slade aporta una dosis necesaria de acción hacia el final para no caer en la ñoñería romanticona del resto del film. Por desgracia, el conservadurismo que impregna La saga Crepúsculo: Eclipe, obliga a convertir en piedra los cuerpos de los vampiros muertos, no sea que alguien vea incoherente que brote la sangre cuando se cercenan cabezas y extremidades de los cuerpos.

Que no continúe el mismo director en la cuarta parte, es sinónimo de acuerdo por un año y liberación para un proyecto más acorde con su categoría. Pero los productores han aprendido y, rápidamente, han contratado a Bill Condon. Un director aún más extraño para esta saga, pero que habrá que ver como aporta su granito de arena al engranaje de una maquinaria tan grande que funciona por sí sola.

Lluís Alba

dijous, 8 de juliol de 2010

Madres e hijas

Tras probar suerte con un guión ajeno en Passengers, Rodrigo García vuelve a tomar las riendas de su proyecto para demostrar que sigue siendo capaz de ofrecernos una gran película.

Como mucho se le podría criticar un exceso de dramatismo en algunas fases de Madres e hijas o, formalmente, el abuso de planos fundidos desenfocando la imagen. Pero, todo lo demás, es excelente. Consigue sacar el máximo partido de unas actrices en estado de gracia, de las que destacan por méritos propios Annete Bening y Naomi Watts. Con dos difíciles interpretaciones que requieren más matices de lo habitual para ajustar perfectamente a los cambios y evolución de sus personajes.

Rodrigo García muestra como las acciones ajenas determinan el destino de cada personaje, para demostrar que (casi) siempre hay tiempo para tomar las riendas y dirigir la vida sin determinismo. El debate entre el libre albedrío y el destino, entre la razón y la religión queda perfectamente plasmado en esta película.

El guión hilvanado perfectamente, en el que encajan todas las piezas de las diferentes historias que nos cuentan. De una forma sencilla pero eficaz, sin el enriquecimiento de piruetas temporales que tanto gustan a Alejandro González Iñárritu (uno de los productores del film).

Los amantes de historias cruzadas están ante una de esas películas que no deben perderse. Ni tampoco cualquier amante del cine. Pues la combinación de excelente guión, dirección e interpretación no suele verse a menudo.

Y si eso no fuera una razón suficiente, siempre quedará el sensual polvo interracial entre Naomi Watts y Samuel L. Jackson.

Lluís Alba

dijous, 1 de juliol de 2010

Entre nosotros

Los motivos que me llevaron a ver esta película fueron más aleatorios que racionales. Pues, Entre nosotros, ha sido la única película estrenada esta semana en Sevilla (las dobladas las obvio, por supuesto). Además, escogí el día del partido España-Portugal y, dado que en Sevilla parece haber más afición por esta selección que por sus equipos de club, estuve solo en la sala de cine.

Para mi sorpresa, me encontré con una de las mejores películas que he visto últimamente. Sin llegar a ser una obra maestra, parece que su directora, Maren Ade, ha sabido adoctrinarse bien de la influencia de Bergman. La sensación de estar viendo una versión libre de Secretos de un matrimonio planea durante buena parte del metraje. Las comparaciones son odiosas (pero como Maren Ade ha ido diciendo por ahí que la película de Bergman ha sido uno de sus referentes) así que la diferencia que hay entre la película del director sueco y Entre nosotros es la que separa una obra maestra de una gran película.

Durante unos días de vacaciones, se resume perfectamente la relación entre una joven (y pija) pareja y todos los problemas que pueden tener. Entrando en la madurez, comienzan a plantearse su existencia, tanto personal como entre ellos. Su diferencia de carácter y de gustos, harán plantear tanto a ellos como al espectador si tiene sentido que sigan juntos. Aunque en ocasiones es llevado al extremo, se escenifica perfectamente la realidad que hay entre la mayoría de parejas. Ni las dos personas son iguales ni hay un solo modo de llevar la relación.

Si bien la dirección es bastante convencional, lo que sí consigue Maren Ade es adecuar lo suficiente a los actores protagonistas para crear una sensación de realismo en sus diálogos que te hacen sentir cierta vergüenza por estar cotilleando demasiado en la vida íntima de esta pareja.

Lluís Alba

La vida privada de Pippa Lee

Como bien se han encargado de recordarnos esta semana en todos los programas cinematográficos (o no) que han hablado de la película, su directora, Rebecca Miller, es hija del dramaturgo Arthur Miller y esposa de Daniel Day-Lewis. Dato biográfico que no aporta gran cosa para hablar del film, pero demuestra el gran desconocimiento que se tiene sobre la propia directora. Yo no iba a ser menos, así que no he visto ninguna otra película de su filmografía ni tengo el suficiente conocimiento sobre Arthur Miller para buscar alguna relación entre su padre y La vida privada de Pippa Lee.

Aunque en toda película de autor suele haber detalles personales, parece ser que Rebecca Miller se inspiró en un reencuentro con una antigua amiga y lo diferente que era a la que recordaba en su juventud. Así se nos presenta a Pippa Lee como una ama de casa, que vive por su marido e hijos. Todos a su alrededor tienen una aureola intelectual que les hace sentirse superiores a Pippa, pues solo la ven como esposa o madre. La película se encarga de mostrarnos, mediante flashbacks que su juventud dista mucho de tener algo que ver con la apariencia de la actual Pippa Lee.

Hablar sobre temas tan trascendentales como son la vida, las relaciones familiares y el paso del tiempo siempre resulta difícil. La película no es ninguna obra maestra y se deja ver con interés. Pero la sensación que evoca la elección de un tema tan ambicioso es que se buscaba una obra de mayor envergadura que no se ha logrado.

Como curiosidad, cabe destacar que Robin Wright Penn, con 43 años, interpreta a una Pippa Lee cincuentona y Keanu Reeves, con 45 interpreta a un joven de 35. No, realmente no aporta mucha credibilidad a la película.

Lluís Alba