dijous, 29 de setembre de 2011

Somewhere

Sofia Coppola está formando una obra cinematográfica coherente con sus intereses. Probablemente Somewhere todavía lo sea más, al tratar un tema personal que la acompañado desde que nació: la vida de una estrella famosa de Hollywood.

Somewhere retrata la vida de Johnny Marco (Stephen Dorff), durante los intervalos fuera de su oficio. La presumible vida de ensueño que pueda tener un multimillonario famoso es mostrada de forma aséptica, lejos de la pompa y espectáculo que rodea nuestra visión de ellos. Marco es la sombra de una persona, cuya agente de promoción, dictamina su rumbo diario. No tiene alicientes, pues no toma decisiones, ni siquiera tiene dificultades para ligar con cualquiera. Al no tener retos, sus éxitos son tomados a la ligera y no los disfruta (como prueba la escena en la que se duerme practicando sexo).

Sofia Coppola concibe un ambiente frío para la película, análogo a la vida del personaje. La ausencia de banda sonora, ilustra de igual modo los escenarios por los que se mueve la estrella de cine, hoteles tan lujosos como impersonales.

La relación, aparentemente apacible, con su hija pre-adolescente, parece el único punto de conexión con una realidad más humana, aunque el estallido del conflicto emocional les hará ver a ambos que son incapaces de llevar su vida con una expresión de sentimientos ordinaria.

Lluís Alba

Four lions

En una primera lectura, cuesta entender el motivo para hacer humor sobre un grupo de yihadistas, teniendo en cuenta que hay un drama actual detrás de ello. No ha pasado tiempo para cumplir aquella máxima que, Woody Allen, ponía en boca de uno de sus personajes en Delitos y faltas (Crimes and misdemeanors, 1989): Comedia es igual a tragedia más tiempo.

El tratamiento visual de estilo documental, convierte el sarcasmo en un retrato fidedigno de la visión personal de Chris Morris sobre los terroristas. Para el director de Four lions "el terrorismo tiene que ver con la ideología, pero también con los imbéciles".

Situado el contexto, la película es una comedia del más puro estilo de humor inglés. Basada en cinco personajes idiotas (algunos más que otros) que se preparan para cometer un atentado. Igualmente podría haberse hecho a partir de un grupo de amigos preparando un torneo de fútbol, o una coreografía de strip-tease.

El atrevimiento de tomar como punto de partida el terrorismo yihadista, le valió a Chris Morris, el BAFTA al mejor director/guionista/productor revelación de 2011. Un debut cinematográfico que venía respaldado por numerosas series de televisión que aquí apenas hemos podido ver, a excepción de su interpretación como jefe en la primera temporada de Los informáticos (The it crowd, 2006-...).

Lluís Alba

dijous, 22 de setembre de 2011

Arrietty y el mundo de los diminutos

Como es habitual en las numerosas producciones donde ha participado Hayao Miyazaki, Arrietty y el mundo de los diminutos también se basa en un clásico de la literatura juvenil europea. Los incursores (The borrowers, 1952) de Mary Norton ha tenido diversas versiones televisivas desde los años 60 y, también, una adaptación cinematográfica de 1997 protagonizada por John Goodman y, hasta el momento, la más popular para el público general. El ritmo no para, pues ya está en marcha una nueva producción de la BBC con nombres tan destacados como Stephen Fry (Wilde) o Christopher Eccleston (Doctor Who).

Pero no solo el cine y la televisión han adaptado las novelas de Mary Norton, también ha servido de inspiración para la escritura de Los diminutos (The littles, 1967) del norteamericano John Peterson, cuya adaptación animada fue muy popular en los 80. Con todas estas variopintas adaptaciones, queda demostrado que es un libro universal y atemporal, fácilmente trasladable a cualquier cultura.

La animación del estudio Ghibli parece ir a contracorriente de lo que se estila en el mundo occidental. Ajena a la animación por ordenador en 3D, continúa con el estilo tradicional basado principalmente en el dibujo a mano. Sumado a la ambientación rural de sus películas, uno entra en el cine con la sensación de viajar al pasado durante unas horas, enfatizando el efecto casi hipnótico de vivir una fantasía.

Aunque no esté dirigida por Hayao Miyazaki, sí que ha participado totalmente en la producción y el guión. Si en los créditos no apareciera el nombre de Hiromasa Yonebayashi (animador formado en el estudio Ghibli), nadie hubiese notado la diferencia entre Arrietty y el mundo de los diminutos y cualquier otra película del director de Mi vecino Totoro. La ambientación paisajística, el diseño de personajes y la sutileza del relato, son similares a la filmografía del maestro. Por lo que no defraudará a sus admiradores que pudieran ser reacios al no ver su nombre encabezando el proyecto.

Desde que Aurum se hizo con los derechos en España del estudio Ghibli, se ha multiplicado su difusión. En los años 80 y 90 era impensable ver una de sus películas proyectada en un cine comercial. Cierto que el número de aficionados al anime es muchísimo mayor ahora que hace tres décadas, pero continua siendo un mercado secundario si lo comparamos con cualquier película de animación distribuida por las majors americanas. Da pena ver salas medio vacías, solo porque la película no sea en 3D ni esté tan publicitada. El público mayoritario de las películas de animación siguen siendo los niños, cuyos padres carecen del criterio que a ellos todavía les falta por edad.

Lluís Alba

dimecres, 14 de setembre de 2011

Los amos de Brooklyn

Los distribuidores españoles independientes suelen quejarse de un mercado totalmente dominado por las majors norteamericanas (Universal, Paramount, Sony, Warner, Fox y Disney). Pero las independientes estadounidenses también padece esta saturación, provocando que una película protagonizada por Richard Gere, Ethan Hawke, Don Cheadle y Wesley Snipes, se estrene en España con dos años de retraso.

Tampoco importa demasiado, de haber llegado de la mano de uno de los grandes estudios, nos habrían bombardeado de publicidad, creando unas ansias internas de ver la película. No es el caso, la mayor parte del público no sabía que existía hasta ahora, y como en nuestro país todavía seguimos con tics franquistas relacionados con el doblaje (que facilitaba la censura), seguimos teniendo una mayoría de cines con películas en las que otros actores diferentes tapan las voces de los originales. Y, encima, nos parece normal. Así que la manada irá a ver la peli doblada, porque para la mayoría, hasta que no se dobla, no existe.

Dejando de lado este preámbulo que solo sirve para rellenar. La película de Antoine Fuqua, es un regreso al género que le dio su mayor éxito, Training day: Día de entrenamiento (Training day, 2001). Nuevamente nos traslada a un ambiente policial bastante podrido, vuelve a contar con Ethan Hawke e, incluso, alguna secuencia de Richard Gere acompañado por un policía novato, puede evocar a su famosa película.

No es de extrañar ver reminiscencias de The wire: Bajo escucha (The wire, 2002-2008) de David Simon, en esta película. Pues han pasado 8 años desde Training day y algo ha cambiado en el mundo cinematográfico. Las series de televisión norteamericanas son las abanderadas de la calidad y, el cine, se ha visto abocado a seguirlas. Pero parece difícil que una película de poco más de dos horas, en las que se narran tres historias diferentes, esté igual de bien desarrollada que una serie donde el tiempo ya no se convierte en un lujo.

A pesar de tener un guión perfectamente estudiado y milimetrado, de definir bien a los personajes y sus motivaciones, parece que necesitemos más metraje para acabar de analizar minuciosamente todos los entresijos de la película.

Las series de televisión del nuevo milenio no solo han afectado a los cineastas, si no también al público. Para bien o para mal, el objetivo final de toda película.

dimarts, 6 de setembre de 2011

Black heaven

Con una carrera más prolífica como guionista, Gilles Marchand dirige su segundo largo, tras la multipremiada ¿Quién mató a Bambi? (Qui a tué Bambi, 2003). Anteriormente había colaborado en los libretos de las películas de Laurent Cantet y Dominik Moll, autor de la reivindicable Harry, un amigo que os quiere (Harry un ami qui vous veut du bien, 2000), también guionista del presente film.

Black heaven (L'autre monde) muestra el verano de unos jóvenes post-adolescentes marselleses (lugar de nacimiento de Marchand, que hace sospechar reminiscencias autobiográficas en el ambiente de la ciudad). Están en la edad clave para decidir (o lograr) que clase de persona quieren ser. El protagonista del film, Gaspard, comienza una relación amorosa con Marion quien, como el habitual (y real) tópico, parece tener las cosas más claras. La chica no duda en declarar su amor, mientras que él debe corresponder con las mismas palabras sin saber todavía si son ciertas. No parece falta de convicción, simplemente (y siguiendo el tópico) los hombres no parecen plantearse el amor como un tema serio hasta que la mujer lo indica.

A esta diatriba se le une la presión social. La amenaza perenne del futurible suegro y el reiterativo análisis de todos sus actos por parte de sus amigos. Ante este mar de dudas, se cruza en su camino Audrey. Una imponente fémina que encarna la tentación en el momento más (in)oportuno. De la obsesión por Audrey, nace un nuevo Gaspard.

Esa dualidad de la personalidad de Gaspard se plasma en pantalla a través de un juego on-line denominado Black hole (nombre que homenajea al cómic homónimo de Charles Burns). Basado en el Second life (por cierto, ¿queda alguien ahí?), pero con la inspiración visual del cine negro, donde Gaspard puede campar a sus anchas en busca de su nueva musa. Basándose en los millones de personas enganchadas a los diferentes juegos de internet, Marchand muestra que una persona puede ser otra totalmente distinta en un mundo virtual, consiguiendo tener dos vidas, la del mundo físico y la (posiblemente) deseada en la pantalla del ordenador. Idea que queda enfatizada en la noche que pasa al mismo tiempo con Marion y Audrey sin tener que salir de casa.

Como ya se observaba en ¿Qué fue de Bambi?, destellos de David Lynch siguen presentes en la obra de Marchand. A esto hay que sumarle nuevas y diferentes influencias como Matrix (The matrix, 1999) de Andy y Larry/Lana Wachowsky, apreciable en la escena que abre nuestra visión al mundo virtual.

Hay películas más representativas de los mundos virtuales on-line, como Avalon (ídem, 2001) de Mamoru Oshii, pero esta responde muy bien a los estímulos del mundo "real" de los jóvenes marselleses donde no faltan las referencias al lastre del tráfico de drogas y criminal que siguen arrastrando.

Lluís Alba

La deuda

Remake de un film israelí, del que dudo poca gente pueda haber visto en España (a excepción de Pilar Rahola), sobre unos agentes del Mossad infiltrados en la Alemania del este en 1967.

Recomendable película de espionaje. Como también es recomendable advertir, a todo el que desee verla, para que no lea el argumento que corre por la mayoría de webs. Pues relatan con pelos y señales un giro argumental que sucede en el último tercio de la película.

Los acontecimientos comienzan en 1997, cuando la hija de dos de los agentes, presenta un libro basado en su misión de infiltrados en el Berlín oriental. A partir de ese momento comienza un flashback que ocupa la mayor parte del film y, donde se incluyen las mejores secuencias y puramente auténticas del cine del género.

Para interpretar a los tres agentes en las diferentes épocas se ha optado por la (mejor) opción de contar con distintos actores y evitar los maquillajes digitales, que todavía dejan mucho que desear. Salvo el problema en que el parecido entre algunos de los actores son más que remotos, al menos en el personaje principal, Rachel Singer, sí que ha habido un acierto tanto en la semejanza física como en la elección de actrices. Helen Mirren presta su rostro a la versión de 1997 y la (por el momento) desconocida Jessica Chastain hace lo propio con la de 1967. Y digo por el momento, pues Chastian tiene pendientes hasta seis estrenos importantes en papel principal (películas dirigidas por nombres como Terrence Malick o Ralph Fiennes). Hasta ahora, solamente la habíamos podido ver en apariciones fugaces en series de televisión, pero tuvo la fortuna de compartir cartel teatral con Al Pacino en la obra Salome, cuya adaptación cinematográfica, también protagonizará bajo la dirección del mismo Pacino.

Obviamente, al tener un origen israelí, la película no es imparcial ni muestra la dualidad moral de las acciones del Mossad, como si sucedía en Munich (ídem, 2005) de Steven Spielberg, película con la que podría guardar algunas similitudes. Pero sí se toma el tiempo suficiente para explicar las interioridades de los tres protagonistas que forman un triángulo amoroso, cuyos actos en la misión les dejarán marcados para el resto de sus vidas.

Lluís Alba

Stella

A pesar de haber sido premiada en diversos festivales independientes y elogiada por la crítica francesa, esta película de 2008 ha tardado 3 años en llegar a nuestras salas. Ha tenido que nacer una nueva distribuidora independiente, Good films, para que se estrene en nuestro país.

Stella es una película con tintes autobiográficos de su directora y guionista, Sylvie Verheyde. Ambientada en 1978, cuenta un año en la vida de Stella, una niña de familia humilde que inicia curso en una nueva, y prestigiosa, escuela de secundaria. Un nuevo mundo, alejado de su ambiente habitual, que se plasma perfectamente con la comparación entre las secuencias filmadas con la cámara en movimiento del ruidoso y caótico bar que regentan sus padres, alejadas de la sobriedad estática y ambiente aséptico que muestra la escuela pija.

Podría definirse como una versión de los 70 de La clase (Entre les murs, 2009) de Laurent Cantet. Con las diferencias de ser una peli totalmente de ficción y estar centrada principalmente en Stella y, parcialmente, en su amiga Gladys. Pero ambas tienen en común la temporalidad ceñida a un curso escolar y mostrar una serie de secuencias que obvian totalmente la moralina habitual del cine mainstream.

Sin señalar a nadie, no queda exenta la crítica general a la sociedad francesa, en la que un grupo pequeño de profesores son los designados para decidir si la niña humilde merece entrar o no en el sistema. Un tema de candente actualidad en el momento de presentarse la película debido a los disturbios en París de 2007, que pueden ser vistos en paralelo con lo ocurrido este 2011 en Londres.

Como en toda película minoritaria, los intérpretes principales son básicos para que el conjunto funcione. Tanto los padres de Stella, como las dos niñas protagonistas merecen un reconocimiento especial. Más teniendo en cuenta que, Léora Barbara, con 11 años debe sostener la película en todos sus planos, además de ejercer de narradora con su voz en off.

dijous, 1 de setembre de 2011

El perfecto anfitrión

El australiano Nick Tomnay debuta en el largo con El perfecto anfitrión, una adaptación de su cortometraje titulado The host que realizó durante 2001 en su país de origen.

Tras recibir numerosos premios en los festivales por los que pasó, decidió mudarse con su esposa a Nueva York, con la intención de realizar esta película. Buscó una representante para mover el guión entre diferentes productoras, pero no se llegó a concretar nada. Mientras trabajaba dirigiendo spots y participando en Two twisted (una serie de televisión australiana), su representante le dijo que estaba harta de las respuestas negativas de las productoras. Ella y su socia se harían cargo de la producción.

Con la dificultad económica que eso conlleva, tuvo la suerte de poder contratar al actor David Hyde Pierce (Niles, el hermano de Frasier), sin duda el alma de la película que no podría ser la misma sin su participación. Tras el pase por diversos festivales, la película comenzó a tener cierta repercusión internacional (en España la pudimos ver en el Festival de Sitges 2010). Hasta que la productora independiente Festival films, ha decidido arriesgarse y estrenarla en nuestras salas comerciales.

Se nota claramente la influencia de varias películas como El quimérico inquilino (Le locataire, 1976) de Roman Polanski y La huella (Sleuth, 1972) de Joseph L. Mankiewicz. Pero tiene la suficiente entidad para ser una obra totalmente distinta. Difícil es hablar de esta película sin revelar nada, pues contiene una par de giros en el guión que, más allá de las (lógicas) reticencias que se pueda tener, no empañan el resultado final. Los giros enfatizan la enfermedad mental del protagonista, hasta tal punto de hacer partícipe al espectador de sus visiones. Incluso los personajes imaginarios tienen la suficiente entidad para resultar creíbles lejos de la mente que los creó.

No es una película perfecta, algunas secuencias se alargan innecesariamente y se vuelven repetitivas, pero sí lo suficientemente recomendable para no dejarla pasar por alto.

Lluís Alba