dimarts, 26 d’octubre de 2010

Paranormal activity 2

Oren Peli, nacido en Israel, rodó con cuatro duros (12 céntimos para las nuevas generaciones) Paranormal activity, aprovechando una premisa argumental para rodarla con una sola cámara. Tuvo la suerte que Spielberg se fijara en el film y, más allá de sospechar de un lobby judío, se dedicó a promocionarla para encontrar una buena distribución.

Tres años después, el nombre de Oren Peli sólo aparece en la producción de esta secuela, que tiene todos los visos de convertirse en una saga tan longeva como lo está siendo Saw.

Con más dinero en la producción, los responsables de esta secuela han ideado la manera de continuar con el mismo estilo de filmación ampliando el número de cámaras. Como recientemente se pudo ver en El diario de los muertos (Diary of the dead, 2007) de George A. Romero, se usa como elemento de vouyerismo del espectador las filmaciones de las cámaras de seguridad de la casa. Lo que otorga más posibilidades en el montaje, bajo el mismo estilo de película casera.

Conscientes que la sorpresa de la primera parte era uno de sus puntos fuertes, los responsables de distribuir esta secuela, ocultaron su argumento, incluso omitiendo los habituales pases de prensa. Esta promoción se sitúa en las antípodas del resto de cine comercial, cuyos trailers suelen ser un resumen de principio a fin, sin dejar nada nuevo que contar al espectador que se gastará un dinero en la entrada. Gracias a este secretismo descubrimos, a medida que avanza la película y no antes, las conexiones que tiene con su primera parte.

Todo ello consigue que Paranormal activity 2 sea una buena secuela, aunque en ningún momento llega a superar la primera película. Pero sí logra hacer que se caguen de miedo aquellas personas sensibles a lo paranormal, tal y como lo hace un programa de Iker Jimenez.

Lluís Alba

dimecres, 20 d’octubre de 2010

Louise·Michel

Curiosa película de comedia negra, en la que pululan una serie de personajes surrealistas. Hilvanando momentos delirantes como si de un programa de Muchachada Nui se tratara.

Igual que en los programas de Joaquín Reyes, no todo causa la misma gracia, ni a todos causa gracia, y cuesta digerir de un tirón. Pero sus altibajos no son nada comparado con la expectación ante la siguiente idea que se les puede ocurrir a los responsables de la peli. Empezando con la negra premisa de 20 mujeres despedidas por el cierre de una fábrica, que deciden juntar sus finiquitos para contratar a un asesino que mate al patrón.

Bajo la crítica de las grandes multinacionales en las que nadie sabe quién es el jefe, ni mucho menos dónde está, la película se convierte en una road-movie europea absurda en la búsqueda de alguien a quién matar. Por el camino se tocan todos los temas tabú de la sociedad occidental: se hace humor del cáncer y de otras enfermedades terminales, del atentado de las Torres gemelas, de Jesucristo, de los ecologistas, incluso hay una escena en las que se asesina a un bebé para que se calle. ¡Menos mal que Jordi Basté y Concha García Campoy no se han enterado!

No es una película fácil de digerir, en ocasiones causa risa por los gags ingeniosos, a veces por ver algo tan absurdo y sin sentido. Por cierto, si os decidís a verla y os gusta lo suficiente para aguantar hasta el final, merece la pena esperar para ver una última escena tras los créditos.

Lluís Alba

La red social

Como en Zodiac, David Fincher vuelve a rodar una peli basada en hechos reales. Si en el biopic de Robert Graysmith, las secuencias de diálogos prevalecían sobre las de acción, en La red social, todavía predominan más. Algo normal si tenemos en cuenta que el guión es de Aaron Sorkin, uno de los responsables de El ala oeste de la Casa blanca.

Sin llegar al nivel de In the loop, la velocidad de los diálogos hace que cueste entrar en el ritmo frenético de la película. Sobre todo en el arranque inicial en el que se muestra la ruptura amorosa de Mark Zuckerberg a la par que nos explican su problema de concentración mediante una conversación imposible que contiene dos temas al mismo tiempo.

Como en todo biopic norteamericano, tiene que haber una historia de amor como hilo argumental y, en esta película, se usa como excusa una casual ruptura amorosa como la causante del origen del Facebook. Algo que va bien para enfatizar el carácter de Mark Zuckerberg y conseguir una efectiva escena final que resume todo lo visto.

No sé hasta que punto es verdad, pero resulta curioso ver que en el entorno de estos “nerds” (y no frikis como se pretende traducir erróneamente) no hay ni una persona normal. Zuckerberg se nos muestra como un rencoroso vengativo, Eduardo Saverin el co-creador de Facebook tiene problemas de celos que acaban por volverse en su contra a través de una novia más enfermiza con unos celos que acaban transformándose en una conducta compulsiva agresiva (si es que esto significa algo) y, Sean Parker, el creador de Napster, es un paranoico obsesionado con estar espiado a todas horas por la industria musical.

Aunque no sea una película aparentemente hecha para mostrar grandes alardes visuales ni efectos digitales, Fincher no puede dejar escapar la ocasión de marcarse una escena a ritmo de (su etapa de) videoclip durante una competición de regatas. En la que intervienen los gemelos Winklevoss (demandantes de Zuckerberg y participantes olímpicos en Pekín), ocasión que aprovecha Fincher para marcarse otro reto digital y convertir a un solo actor en dos personajes que aparecen juntos durante toda la película.

El libro en el que se basa la película no parece decantarse por ninguna de las personas que entraron en litigio por la creación del Facebook. Pues aunque Zuckerberg acaba pagando indemnizaciones a sus demandantes, se hace de forma amistosa para no alargar un proceso. Total, ¿Qué son 65 millones de dólares para alguien que posee una empresa con valor de 25.000 millones?

Lluís Alba

A serbian film

Es una película.

Lo escribo por si a alguien no le quedó claro, por si alguien no sabe diferenciar realidad y ficción.

Como cada cierto tiempo, aparece una película de tales características: Saló o los 120 días de Sodoma, Holocausto caníbal o la más reciente Martyrs. Todas ellas tan diferentes entre sí.

A serbian film parece dar un paso más allá, pues trata explícitamente un tema tan tabú como el de la pederastia. La película es una provocación frente a todos los que opinarán en su contra, sin diferenciar realidad y ficción. Eso parece querernos decir su director con la solución narrativa para mostrar las escenas gore, siempre a través de flashbacks o a de filmaciones dentro de la misma película. Las únicas muertes que aparecen en la línea narrativa principal, ocurren fuera de plano.

Es una película que busca ser desagradable desde su interior hasta lo que se diga en el exterior. Estéticamente sucia, desde su fotografía, pasando por sus personajes (el protagonista va mal afeitado, tiene el pelo grasiento usa ropa sucia y arrugada), la música aparece para molestar y crear mal rollo en nuestros cerebros.

Probablemente haya que relacionarla con el contexto del país en el que está realizada. Con una guerra tan reciente, en la que debieron suceder atrocidades de la magnitud representada en la película.

Lluís Alba

Monsters

Con la premisa fantástica de una invasión alienígena de monstruos gigantes como telón de fondo, la película narra las vicisitudes de un par de norteamericanos que deben atravesar la zona infectada de alienígenas para regresar desde México a su país natal.

Puede suponer una decepción a quién espera una película de ciencia ficción al uso, pero una vez alejados dichos prejuicios se puede vislumbrar una interesante película sobre la incomunicación entre las parejas, entre las personas de distintos países, crítica a la política de inmigración y, con unos alienígenas primitivos que les (nos) enseñarán a amar.

Lluís Alba

Amphibious 3D

Película total de serie B, pero no de la actual si no de la que se hacía hace 30 años.

Quizás por ello me ha encantado retrotraerme a mi infancia en las sesiones matinales del Centre Parroquial d’Horta, en la que nos tragábamos sesiones dobles que podían mezclar sin orden ni concierto películas de Jackie Chan, Bud Spencer y Terence Hill, Star wars, El planeta de los simios, dibujos clásicos de Disney, Star trek, los hermanos Marx, películas japonesas de monstruos o producciones españolas de serie B como Serpiente de mar de Amando de Ossorio.

En Amphibious 3D tenemos una pequeña historia de ¡atención! un escorpión gigante que sale del mar de Sumatra. Mezclamos la esclavitud de niños indonesios en una plataforma de pesca y ya tenemos película. El 3D no deja de ser mero artificio en toda la historia, salvo por el plano final de la película en la que Brian Yuzna se marca un efectivo momento imposible de recrear sin una sala llena de gente con gafas estereoscópicas.

Lluís Alba

Outrage

El retorno de Kitano al cine de yakuzas, tras un par de películas surrealistas que le tuvieron ocupado en una búsqueda interior de personalidad y creatividad.

La relación que presenta entre los diferentes clanes mafiosos, no deja de ser un paralelismo violento de las puñaladas que ocurren en las grandes (y no tan grandes) empresas. Engaños, torturas, asesinatos y más asesinatos nos muestra lo que se debe hacer para escalar posiciones.

No deja de haber cierta auto-referencia con la situación actual de Kitano, pues su personaje siempre acata las órdenes del jefe más poderoso sin rechistar para acabar apartado del clan. Algo así debió sentir cuando tenía éxito con sus películas de yakuzas y el rechazo posterior por sus obras más personales.

Lluís Alba

Insidious

Insidious es la visión del director de Saw a partir de mezclar los conceptos de Poltergeist y Paranormal activity. Como dijo en Sitges el propio James Wan, es un homenaje a las películas de terror de los 80.

Tiene un primer tramo que engancha, lleno de truquitos para asustar más que dignos y un guión que va soltando información a cuentagotas para que la historia evolucione y mantenga el interés del público. Una pequeña dosis de comedia (a partir de la introducción de dos parapsicólogos en la casa) separa la película para llegar a una parte final montada a base de viajes astrales que marcan la diferencia con el realismo de Poltergeist.

Una película entretenida de terror, mucho más cercana a Silencio desde el mal que a Saw o a Sentencia de muerte.

Lluís Alba

Vanishing on 7th street

Al finalizar el pase de la película, con el director Brad Anderson en la sala, tuve la sensación de que el público aplaudió por pena. De no estar Anderson, me temo que se hubiese escuchado una sonora pitada en contra de la película. Pues de un director reputado, con películas como Session 9 o El maquinista y responsable de un buen número de capítulos de Fringe, se espera algo mejor.

Una buena premisa, basada en el miedo a la oscuridad, en la que todos los habitantes de una ciudad desaparecen menos los que se encuentran bajo un foco de luz, se va diluyendo en una repetición de situaciones, de incoherencias ininteligibles y, lo peor, aburrimiento y hastío por parte del público. Esta película viene a ser como El incidente de Shyamalan, una idea cojonuda que acaba destruyéndose por el ego de su creador.

Otros directores de género como Jaume Balagueró, ya usaron la oscuridad como personaje principal. Darkness supuso que me negara a ver jamás una peli de Balagueró (hasta que la insistencia de todo el mundo por REC me hizo rectificar). Con Anderson trataré de no cometer el mismo error, aunque costará que me anime a volver al cine por su reclamo.

Lluís Alba

Dream home

La respuesta gore a la burbuja inmobiliaria nos viene desde China. Con una película sobre una psicópata que organiza una matanza para poder devaluar el precio de la vivienda que desea comprar.

Una interesante estructura narrativa, que combina dos líneas temporales. Una a tiempo real y otra, montada a base de flashbacks que, cual capítulo de Perdidos, nos revela las motivaciones sangrientas de la protagonista.

No falta el espectáculo gore, con extirpaciones de ojos, intestinos colgando, sangre mezclada con sexo y una búsqueda original del asesinato que cumple las delicias del agradecido público de Sitges.

Lluís Alba

Woochi

Película coreana que combina con éxito fantasía, acción, humor y romance. Lo más parecido que he visto a, la ya clásica, Una historia china de fantasmas.

Son más de dos horas de peli a un ritmo frenético, con saltos temporales en la historia y en la narración. Escenas mostradas desde dos puntos de vista, diálogos, situaciones y personajes divertidos. No es que sea demasiado original, pues toma elementos tan populares como la saga Matrix y su conocida secuencia de la autopista, pero sabe mezclarlo para ofrecernos un producto original y divertido.

Una cartelera como la española dominada por el cine norteamericano, dificulta la presencia de cine de calidad de otros países. Lo poco que nos llega debe ser seleccionado por las pequeñas distribuidoras que deben escoger entre lo mejor que pueden, por lo que la llegada a nuestra cartelera de directores reputados coreanos como Bong Joon-ho, Park Chan-wok o Kim Ki-duk, parece asegurada. Así que, cuando en un festival como Sitges vean aparecer una cinta coreana, no lo duden, la calidad está asegurada.

Lluís Alba

Colorful

Curtido como director en las películas de Shin Chan, Keiichi Hara presenta con Colorful su segunda película alejada del popular personaje.

Se trata de un anime distinto al estereotipo habitual de la animación japonesa. No tanto formalmente; pues el estilo de dibujo, la animación y la ambientación en un instituto de secundaria es de lo más habitual; si no más bien en un tratamiento adulto y sin tapujos del argumento.

A partir de una premisa tan manida como la de El cielo puede esperar, vemos como un recién fallecido debe volver a la vida en el cuerpo de otra persona que se ha intentado suicidar. Esto nos servirá para analizar las relaciones (familiares y de amistades) de un joven japonés de hoy en día. Por lo que sorprende ver una película más bien intimista, que nos habla de la ausencia de diálogo entre personas que viven bajo un mismo techo, del consumismo adolescente o del aislamiento social.

Lluís Alba

The ward

Nueve años separan The ward de Fantasmas de Marte, la última película de John Carpenter. Parecen excesivos, solamente justificados por su implicación en la serie Masters of horror y por rumores sobre una enfermedad.


Esta larga espera es la causante de la gran expectación por el regreso del maestro. A primera vista, lo más alarmante es que se haya dignado a dirigir un guión tan sobado que podría estar escrito un ordenador programado para tal fin.

John Carpenter otorga dignidad al producto: presenta bien a los personajes, hace creíble la historia, combina bien los recursos de terror explícito con el psicológico y crea un ritmo in crescendo que capta nuestra atención.

Una de las características del cine de serie B es su expresa falta de originalidad, lo que justifica que Carpenter haya escogido este guión para volver a dirigir. Quizás nos quejemos por vicio y, la ausencia de referentes anteriores en nuestra infancia, conseguía que la serie B nos resultara original. Ahora nos ocurre lo contrario, vivimos en tal abundancia de pelis con finales sorpresa que, paradójicamente, ya no sorprenden.

Lluís Alba

dijous, 14 d’octubre de 2010

Wall street: El dinero nunca duerme

Lo primero que le viene a uno a la cabeza cuando escucha que Oliver Stone va a realizar una secuela de su mayor éxito comercial, Wall street, 23 años después, es que se trata de un director en horas bajas que se aferra al recuerdo de un pasado glorioso para resurgir. Un caso similar, si se me permite comparar a ambos directores, al que sucedió con Kevin Smith y Clerks 2.

Sus documentales sobre mandatarios de la izquierda en America latina, le han servido para complicar más las cosas en la búsqueda de financiación en los EEUU. Su última película de ficción, W. (biografía de George W. Bush) apenas contó con capital norteamericano, y se estrenó a toda prisa para coincidir con las últimas elecciones de su país. En España, apenas se ha podido ver en algunos pases televisivos a horas intempestivas.

Pues, a pesar de todo lo que se pueda pensar, la verdadera razón de realizar este proyecto, no parte de ningún (posible) mal momento de Oliver Stone, si no de un encargo de la Fox que, en 2006 ya trató de realizar sin éxito esta secuela. Si en ese momento, Stone, no parecía entusiasmado con el proyecto, la actual crisis financiera parecía un escenario perfecto para volver a dar vida a uno de los villanos clave de la década de los 80, Gordon Gekko.

Sin embargo la crisis sólo es un telón de fondo sobre el que se sustenta una película más centrada en las relaciones familiares de los protagonistas. La relación de Gekko con su hija y con el prometido de esta. La relación del prometido con su madre, su mentor en Wall Street y con quién le traicionó. Ubicar la historia en Wall street no es más que un escenario y no requiere ningún conocimiento previo de economía para seguir la historia personal de la familia Gekko.

Un guión bien estructurado (para los estándares hollywoodienses), y la siempre magistral narración de Stone, cuenta con la ayuda de unos extraordinarios actores, si bien la maestría de Frank Langella y Michael Douglas ya estaba más que demostrada, sorprende ver a Shia LaBeouf (en un papel alejado de sus habituales correrías en Transformers) ganarse con solvencia el crédito de hasta el mayor de sus detractores. Lo único que traiciona a la película es un final demasiado blando que resta credibilidad a lo que uno se espera de un cabrón como Gekko.


Lluís Alba

divendres, 8 d’octubre de 2010

Machete

El éxito combinado de crítica y público cosechado por Planet terror no suele ser algo habitual, y mucho menos, en un cineasta como Robert Rodriguez, quién parece vivir siempre a la sombra de Tarantino. Por lo que, tras su habitual alternación con el cine infantil, su siguiente película ha vuelto a tomar las riendas del estilo que encontró con su parte del proyecto Grindhouse. Y que mejor manera de adentrarse nuevamente en dicha tarea que coger su falso trailer de Machete y hacerlo realidad.

Sin ser tan redonda como Planet terror, Machete continúa con el homenaje visual a las sesiones dobles de los 70, mismos guiños a celuloide gastado con ausencia de fotogramas, guión supeditado a sus secuencias de acción y humor sangriento de brochazo gordo.

Tanto el trailer, como el grandioso prólogo del film (que resume en unos minutos todo lo que Rodriguez nos quiere mostrar), están por encima del mismo. Pues el caótico y reiterativo argumento consigue que el espectador se evada demasiadas veces de la película, en lugar de lograr un entretenimiento sin pausa para evadirse del triste mundo que le espera fuera una vez se abran las puertas del cine y sea expulsado de la sala para recordarle amargamente que los últimos 105 minutos de su vida no eran más que una fantasía.

Pero las bizarradas que presenta el film son tantas que cualquier recuerdo del film será más disfrutable que el rato pasado en la sala viendo la película. Pues todos comentaremos a nuestros colegas que es impagable ver a Danny Trejo, cuál atractivo James Bond, tirándose a Jessica Alba, Michelle Rodriguez, Lindsay Lohan y su madre. O el atrevimiento de Robert Rodriguez por proponer unos papeles autoparódicos a Robert De Niro, Steven Seagal, Don Johnson y, por supuesto, Lindsay Lohan.

Para comprobar si nuestro recuerdo mejora la peli, no dudaremos en comprarnos el DVD o el Blu-ray para volver evidenciar que cualquier recuerdo subjetivo de nuestra memoria siempre será mejor que la realidad.

Lluís Alba