dijous, 28 de juliol de 2011

La víctima perfecta

El debutante Antti Jokinen da el salto al cine desde la experiencia que otorga la dirección de videoclips y capítulos de series de televisión. Y lo hace metido en la nueva etapa de la mítica productora Hammer que tan buenos recuerdos trae a los amantes del terror.

Desgraciadamente nos ofrece una película tópica de lo más vulgar. Cuesta creer que este guión haya pasado el filtro de cualquier producción media y todavía más en una película que cuenta con cierta repercusión internacional, la participación de Hilary Swank y el cameo de Christopher Lee (personaje metido con calzador, apuesto a que no existía en el guión original) para rememorar el retorno de la Hammer.

Sólo la dirección de fotografía de Guillermo Navarro y una pequeña acrobacia narrativa en el primer tercio del metraje son dignos de recordar. Los siguientes dos tercios del guión parecen escritos por el piloto automático de algún programa informático sin alma artística.

Lluís Alba

Paul

La pareja formada por Simon Pegg y Nick Frost, están en las listas de seguimiento de cualquier aficionado al cine de género y a los cómics. Aquellos a los que ahora se denomina indiscriminadamente como "frikis".

Desde la serie de culto Spaced, formaban un trío inseparable con el director Edgar Wright. Mientras que este demostró su gran capacidad en solitario con la adaptación del cómic Scott Pilgrim contra el mundo (Scott Pilgrim vs. the World, 2010), ahora toca el turno de la pareja de guionistas y actores sin su habitual director.

Simon Pegg ya tuvo un tímido primer intento aliándose con uno de los actores de Friends, David Schwimmer, en labores de director de la película Corredor de fondo (Run fatboy run, 2007), sin llegar al éxito de sus comedias precedentes. Esta vez ha buscado un profesional más curtido, el director del éxito de la "nueva comedia americana" Supersalidos (Superbad, 2007) y de la excelentemente denostada Adventureland (ídem, 2009).

Greg Mottola conduce esta road-movie de dos británicos por tierras americanas. americana. Por ello no es de extrañar que el guión esté lleno de tópicos sobre los yankees. Igual que Woody Allen rueda sus películas europeas desde el punto de vista del turista neoyorkino, Pegg y Frost ofrecen la visión (formada a través del cine popular) que el europeo medio tiene de los norteamericanos: Abunda la mofa de policías pueblerinos amantes de las armas, homófobos de bares de carretera y negacionistas ultracatólicos.

Pero la verdadera particularidad de la película es cuando busca gustar a su público. Una muestra ininterrumpida de escenas y chistes sólo para "frikis". Visita a la Comic-con de San Diego, camisetas de comics, referencias a películas de ciencia-ficción etc... Por momentos evoca a las primeras películas de Kevin Smith.

Los que amamos la subcultura, andamos palideciendo todo el día delante de alguna pantalla (monitor del ordenador, televisor o pantalla de cine), nos encontraremos en nuestra salsa siguiendo el viaje de Nick Frost y Simon Pegg. Preguntándonos si no podríamos subir también en su caravana.

Lluís Alba

dimarts, 19 de juliol de 2011

Harry Potter y las reliquias de la muerte -Parte 2-

Para muchos (y cuando digo muchos, son millones) supone el fin de una era. Imagino, por encima de todo, a aquellos adolescentes que han vivido los libros y películas en una edad parecida a la de los protagonistas. Para estos fans en concreto, el final de Harry Potter significa un evento tan importante en sus vidas semejante o superior a la de cualquier acontecimiento en su familia.

Tal nivel de simbiosis con su público, permite decir que J.K. Rowling ha conseguido pasar a la historia para ser un referente en la literatura juvenil. Un público ampliado (todavía más) gracias a las adaptaciones cinematográficas. Que, vistas con frialdad, no son más que un complemento de los libros y que, como productos independientes, no tienen la entidad necesaria para haber creado tal fenómeno. Para el aficionado inquieto siempre quedará una (re)lectura de los libros, información genealógica en diferentes "wiki" sitios, y la espera del Pottermore que, inteligentemente, J.K. Rowling ha montado ahora para seguir alimentando la llama.

Sobre la película en concreto, poco más que añadir a lo dicho de las recientes adaptaciones dirigidas por Peter Yates. Es una lástima que las últimas cuatro películas hayan dado un bajón con respecto a las predecesoras dirigidas por Chris Columbus (dentro de lo que cabe, tenía el bagaje de los guiones de Los Goonies y de Gremlins), Alfonso Cuarón y Mike Newell.

Peter Yates ha sido el director títere para que la franquicia se terminara a tiempo sin causar mayores problemas. La separación en dos películas de la adaptación del último libro a supuesto un alivio al desaguisado vivido por sus anteriores películas, que deberían haberse presentado de la misma forma. Personajes que aparecen y desaparecen sin mayor explicación, ausencia de pasajes determinantes. Han dejado sin sentido gran parte de las películas.

El doble metraje que ha supuesto la adaptación del libro, ha permitido que se vislumbre parcialmente la doble lectura que enriquece la obra original de J.K. Rowling. Mientras que en la primera parte de Harry Potter y las reliquias de la muerte, el argumento era más pausado y melancólico, la segunda mitad se convierte en la película más dinámica y con más acción de toda la saga. Pero, negativamente, vuelve a carecer de la emoción suficiente que necesitarían escenas clave. Ejemplos claros son la omisión de la muerte de algunos personajes importantes o el frío final previo al epílogo.

Como he dicho antes, sólo queda la esperanza de gozar de una nueva lectura más intensa, con las ediciones domésticas de las películas a mano. Y, quién sabe si, cualquier día, J.K. Rowling se ve en la necesidad de escribir 7 novelas más como apunta su epílogo (cuya filmación debió hacerse el día que la maquilladora se fue de vacaciones) o 7 precuelas... o Warner decide emular a Sony con su Spiderman y rueda 7 reboots.

Lluís Alba

dijous, 14 de juliol de 2011

Convención en Cedar Rapids

Miguel Arteta, director del interesante drama intimista The good girl (ídem, 2002), en el que se relataba la desidia de una mujer atractiva (Jennifer Aniston) abocada a un matrimonio con un marido desdeñado y grosero (John C. Reilly). Su única vía de escape era un affaire con un chico joven (Jake Gyllenhaal). Los personajes de The good girl tenían una vida reprimida en su interior y muchas ganas de convertirla en ralidad.

Convención en Cedar Rapids, la tercera película de Arteta (tras la inédita en España Youth in revolt), también se llena con personajes que esconden una doble faceta. Los más veteranos aprovechan la convención anual en Cedar Rapids como válvula de escape ante tanta represión. Mientras que el novato Tim Lippe, llega sin tan siquiera saber que necesita exteriorizar su personalidad oculta.

A diferencia de The good girl, la película se lee desde el prisma de la "nueva comedia americana", pero con la implicación en la producción de Alexander Payne (Entre copas) y su habitual guionista Jim Taylor. Cuyo cine tiene bastantes puntos en común con Miguel Arteta.

Por ello no es de extrañar que Tim Lippe, tome prestado el rostro de Ed Helms, una de las estrellas de Resacón en Las Vegas (The hangover, 2009) de Todd Phillips. Actor cómico que parece encasillado en repetir el mismo personaje en todas las películas en las que participa.

Tim Lippe llega a Cedar Rapids como un treintañero post-adolescente (puro retrato de la juventud inmadura actual), que vive una idílica relación con su antigua maestra de instituto (Sigourney Weaver), mientras que esta solo ve en él la posibilidad de un polvo semanal tras su reciente divorcio. El paso de Tim Lippe por Cedar Rapids supondrá un viaje iniciático hacia su nueva personalidad, sacará el demonio interior (igual que su personaje de Resacón en Las Vegas), se desmadrará y tendrá, por primera vez, personalidad propia.

El tono general de comedia es más contenido que en otras películas contemporáneas, el humor grosero existe, pero es más sutil. Sin embargo, estas pequeñas diferencias, no ocultan durante todo el metraje la sospecha de estar viendo la misma película por enésima vez.

Lluís Alba

Beginners (Principiantes)

Segunda película de Mike Mills, con el lujo que supone poder contar con caras conocidas que siempre ayudan en la taquilla. A Ewan McGregor (Trainspotting) se le suma la veteranía de Christopher Plummer (Sonrisas y lágrimas) y la hipnótica belleza de Mélanie Laurent (Malditos bastardos).

La estructura narrativa alterna al alimón tres etapas importantes en la vida de Oliver. 1) La infancia que pasó más cercana a su madre. 2) Cuando su padre sale del armario a los 75 años y se le diagnostica cáncer. 3) Tras la muerte de este y el inicio de su relación con Anna.

Malabarismos temporales a parte, lo importante de esta película intimista es que toca bien (y no es fácil) todos los temas que desea tratar. Desde las relaciones de pareja (con alusión al maestro Ingmar Bergman a través de un libro sobre Liv Ullmann), la muerte, la homosexualidad, las relaciones paterno-filiales etc... Personajes bien dibujados (humanos y animales) y matizando convenientemente su estado psicológico según le afecte más o menos directamente cada situación.

Lluís Alba

dijous, 7 de juliol de 2011

Caballeros, princesas y otras bestias

Hace más de 10 años, David Gordon Green conoció a Danny McBride en la Universidad de arte de Carolina del Norte. Durante su estancia, además de aprender su profesión como cineastas, pasaron noches encerrados en alguna pequeña habitación, viendo películas en VHS mientras fumaban porros. Entre las extravagantes ideas que se les ocurrió en su época estudiantil, surgió la idea de realizar una comedia en la que unos caballeros medievales fumaran marihuana.

Poco después David Gordon Green, dirigió su primera película All the real girls (2003), en la que Danny McBride debutó como actor en un papel secundario. Una tragicomedia romántica, al más puro estilo del cine independiente estadounidense que consiguió llamar la atención del nuevo director emergente. Sus carreras tomaron diferentes caminos (pero no su amistad). Mientras Danny McBride comenzó a triunfar como actor en comedias, David Gordon Green iba lanzado hacia el prestigio que otorga rodar dramas de calidad.

Hasta que llegó un giro inesperado en la carrera del director. Para crítica y público, David Gordon Green estaba encasillado en el drama, pero él jamás pensó en dedicarse al cine para pasar por un solo género. Superfumados (Pineapple Express, 2008) supuso su primera comedia, dejando satisfechos a todos aquellos preocupados por seguir sus películas. Volvió a colaborar con Danny McBride, mientras seguían recordando sus tiempos universitarios. Juntos siguieron trabajando en la serie cómica De culo y cuesta abajo (Eastbound & down) de la HBO, emitida en España por Canal +.

Juntos de nuevo, se incrementó la nostalgia por los tiempos de universidad, aquellas habitaciones ahumadas, aquellos braimstormings bajo los efectos de las drogas. ¿Por qué no reemprender aquella idea de una comedia adolescente ambientada en la edad media? Con el reciente éxito de Superfumados, Universal no dudó en dar carta blanca al proyecto. No tardaron a unirse amigos y demás intérpretes de prestigio como James Franco, Natalie Portman, Toby Jones o Zooey Deschanel. Para aprovechar el tirón de su éxito (al menos en EEUU), Danny McBride se reservó el personaje principal de la película, además de dedicarse a escribir el guión.

A pesar de que Caballeros, princesas y otras bestias sea una película totalmente fallida, se puede intuir que, detrás del desaguisado, hay un buen cineasta. Está bien estructurada, las presuntas aventuras son dinámicas y, dentro del humor escatológico, se vislumbra un argumento coherente. Los homenajes a distintas películas de género, no caen en la estúpida caricatura de los Scary movies de turno. Hay referencias a títulos míticos como Mad Max, más allá de la cúpula del trueno (Mad Max beyond thunderdome, 1985) de George Miller y George Ogilvie, Furia de Titanes (Clash of the titans, 1981) de Desmond Davis o Alicia en el país de las maravillas (Alice in Wonderland, 1951) de Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Luske.

Probablemente ya sea mayor para estar receptivo a un reiterativo humor sobre drogas y onanismo. Pero tampoco escuché grandes carcajadas del público adolescente que ocupaba la sala.

Lluís Alba