dijous, 28 de juliol de 2011

Paul

La pareja formada por Simon Pegg y Nick Frost, están en las listas de seguimiento de cualquier aficionado al cine de género y a los cómics. Aquellos a los que ahora se denomina indiscriminadamente como "frikis".

Desde la serie de culto Spaced, formaban un trío inseparable con el director Edgar Wright. Mientras que este demostró su gran capacidad en solitario con la adaptación del cómic Scott Pilgrim contra el mundo (Scott Pilgrim vs. the World, 2010), ahora toca el turno de la pareja de guionistas y actores sin su habitual director.

Simon Pegg ya tuvo un tímido primer intento aliándose con uno de los actores de Friends, David Schwimmer, en labores de director de la película Corredor de fondo (Run fatboy run, 2007), sin llegar al éxito de sus comedias precedentes. Esta vez ha buscado un profesional más curtido, el director del éxito de la "nueva comedia americana" Supersalidos (Superbad, 2007) y de la excelentemente denostada Adventureland (ídem, 2009).

Greg Mottola conduce esta road-movie de dos británicos por tierras americanas. americana. Por ello no es de extrañar que el guión esté lleno de tópicos sobre los yankees. Igual que Woody Allen rueda sus películas europeas desde el punto de vista del turista neoyorkino, Pegg y Frost ofrecen la visión (formada a través del cine popular) que el europeo medio tiene de los norteamericanos: Abunda la mofa de policías pueblerinos amantes de las armas, homófobos de bares de carretera y negacionistas ultracatólicos.

Pero la verdadera particularidad de la película es cuando busca gustar a su público. Una muestra ininterrumpida de escenas y chistes sólo para "frikis". Visita a la Comic-con de San Diego, camisetas de comics, referencias a películas de ciencia-ficción etc... Por momentos evoca a las primeras películas de Kevin Smith.

Los que amamos la subcultura, andamos palideciendo todo el día delante de alguna pantalla (monitor del ordenador, televisor o pantalla de cine), nos encontraremos en nuestra salsa siguiendo el viaje de Nick Frost y Simon Pegg. Preguntándonos si no podríamos subir también en su caravana.

Lluís Alba