dilluns, 23 d’agost de 2010

Vaya par de polis

No sé los motivos que han llevado a Kevin Smith dirigir un guión ajeno. Pues si por algo destacan sus mejores películas es por el guión, pues su estilo visual continúa siendo el de un admirador de John Hughes que realiza telefilms.

La película pretende ser una parodia, desde la admiración, de las películas de polis colegas de los 80. Aunque para el público no norteamericano, cuesta encajar a un desconocido Tracy Morgan junto a una megaestrella como Bruce Willis. Pues la amistad que hay entre ambos personajes denota algo demasiado artificial. Tracy Morgan, cómico del Saturday night live, sobreactúa en cada una de las escenas y, Bruce Willis parece que sólo participe por algún tipo de amistad, con el piloto automático puesto de inicio a fin.

Si no se es muy exigente, es una película que puede pasar como un entretenimiento de una tarde aburrida. Aunque no es un completo desastre, cuesta destacar algún momento cómico, como puede ser la conversación en el restaurante entre Bruce Willis y Jason Lee (amigo y habitual en las películas de Kevin Smith).

No es que las últimas películas de Kevin Smith hayan sido mejores que Vaya par de polis, pero prefiero ver como uno de mis admirados directores se equivoca siendo fiel a sí mismo y no rindiéndose a su falta de ideas para tener que adquirir guiones ajenos (y mediocres).

Lluís Alba

Salt

Que se sustituya de la noche a la mañana a Tom Cruise por Angelina Jolie para el papel protagonista de Salt, da una idea de lo poco definido que estaba este personaje y la nula importancia que da Kurt Wimmer a su guión. Aunque siendo este el responsable de Ultraviolet, tampoco es que se pudiera esperar algo más.


Salt es una película de acción que exige y ofrece poco. El guión está construido a base de giros, pero es tan previsible que ninguno de ellos consigue sorprender. La idea de contratar -SPOILER- a Liev Schreiber para que sea el personaje malvado sorpresa, tampoco ayuda demasiado a que el espectador se quede boquiabierto por tal descubrimiento.-FIN DEL SPOILER- Lo único que queda por ver son las acrobáticas piruetas de Angelina Jolie para golpear a sus perseguidores o sus saltos espectaculares entre camión y camión por una autopista más colapsada que en Matrix reloaded.


Es una lástima que se tome tan a la ligera la atractiva (aunque descabellada) idea de unos agentes soviéticos durmientes en los actuales EEUU. Cuando parece que los únicos malvados del cine de Hollywood puedan ser árabes, no está mal buscar este revival ochentero de los tiempos de la Guerra fría. Una idea demasiado “friki” para tomársela en serio, aunque otro medio más “friki” como el del cómic (y más concretamente el de superhéroes), tenga una colección como Capitán América que lleva unos años jugando con una idea similar de la mano de Ed Brubaker. Quizás a Kurt Wimmer no le fuera mal rebajarse a conocer a colegas de una profesión “menor” para descubrir que se puede hacer una película de acción con un guión elaborado.

Lluís Alba

dijous, 19 d’agost de 2010

Los mercenarios

Al entrar en la treintena, se nos empieza a activar el chip nostálgico de nuestra infancia. Por primera vez somos conscientes que la vida no tiene marcha atrás y, a partir de ahora, todo viene cuesta abajo. No queda más remedio que aferrarnos a cualquier recuerdo pasado, que siempre será mejor que un futuro desconocido e incierto. El revival de los 80 está aquí porque es un negocio en momentos de crisis, la nostalgia nos hace vulnerables. Las nuevas ediciones de películas y series de la nombrada década, y los remakes a punta pala son un ejemplo de ello.

Sylvester Stallone, referente del cine de acción de los 80, lleva desde 2006 rescatando a sus dos más lustrados personajes: Rocky Balboa y John Rambo. Dos secuelas tardías, pero con la suficiente distancia para rememorar dignamente desde un nuevo punto de vista al boxeador y al soldado más famoso de la década. Los mercenarios, sigue la estela empezada por estas dos secuelas, ampliando su homenaje a todo el cine de acción lleno de testosterona, músculo, de hombres y para hombres.

Como las películas a las que homenajea, el guión es un mero vehículo por el que van pasando las escenas de acción. Tiros, explosiones, cuchillos voladores, sangre, hostias etc… Los divertidos diálogos son pretendidamente ridículos. La dirección y el montaje es tosco y feo. No importa que una secuencia pise a la otra sin mayor sentido del ritmo, o que las escenas de acción estén montadas a base de múltiples planos cortos que requieren toda la concentración del espectador para entender que está pasando. O que haya subtramas totalmente innecesarias que sólo sirven para enfatizar la superioridad del macho ante su novia. Simplemente lo que queremos ver es a un grupo de actores de acción haciendo lo que mejor saben.

Dentro y fuera de la película, Stallone reúne a las más carismáticas estrellas del cine de acción de las últimas décadas. Dejando para los más jóvenes la mayoría de escenas de lucha cuerpo a cuerpo. Mientras que su personaje queda relegado a una posición de liderazgo que ve como ya no tiene la forma física de sus mejores tiempos.

Por si fuera poco, la película nos regala una escena, llena de diálogos con doble lectura, en la que se reúnen Stallone, Arnold Schwarzenegger y Bruce Willis. Tres de los más grandes héroes de acción de los 80, juntos por primera vez en una película. Sólo esto vale el precio de la entrada para aquellos que andamos en la treintena.

Lluís Alba

Killers

La anterior película de Robert Luketic, La cruda realidad, era una comedia romántica sencilla, un pasatiempo ligero destinado mayoritariamente al público femenino (a ser posible sin pareja).

Killers viene a ser lo mismo pero aderezado con un componente de espionaje. Su similar premisa a la reciente Noche y día (el espionaje entre estudios cinematográficos sí sería algo digno de documentar en uno o dos films) parece indicar que se ha construido a toda prisa para aprovechar el tirón comercial de la película protagonizada por Tom Cruise. Y, el primer borrador inacabado, es lo que acaba siendo plasmado en el film.

Por lo que el nivel es similar al de Luna nueva (de la saga Crepúsculo, of course), una película en la que no pasa nada y sólo apunta destellos de lo que podría haber sido de caer en manos de alguien más competente o con más tiempo de elaboración.

Sólo las secuencias en la que aparecen vecinos corrientes convertidos en espías, que guarda ciertas similitudes con los propios de Jim Carrey en El show de Truman o el carisma de Tom Selleck parecen salvarse de la quema. ¡Ah! y, también, los músculos de Ashton Kutcher para las féminas, en definitiva al público al que va dirigida la película.

Lluís Alba

Phillip Morris ¡Te quiero!

Basado en hechos reales, como las películas de Antena 3 en la sobremesa de los fines de semana, la película narra las peripecias de Steven Russell, uno de los mayores timadores de la historia de los EEUU. Un estafador que no tiene nada que envidiar al Frank Abagnale Jr. de Atrápame si puedes.

Steven Russell guarda ciertas similitudes con el personaje que también encarnó Jim Carrey en Mentiroso compulsivo, salvo que aquí no hay fantasía ninguna que le obligue a decir la verdad. Bajo su punto de vista, la película narra una serie de fechorías, mostradas sin maldad. Más bien al contrario, pues sus estafas son tanto para beneficio propio como para sus allegados: su amado Phillip Morris, su ex mujer e hijos.

El film no deja de ser una caricatura de unos hechos reales, que debieron ser más bien dramáticos. No es de extrañar que se haya escogido a Jim Carrey, más humorista que actor para deformar la vida real de Steven Russell. Los arquetípicos personajes ayudan a contrastar sus personalidades, enfatizando el tono de comedia: La ex mujer de Russell, se nos muertra como una católica que acepta todas sus desgracias al ser designio del Señor; Phillip Morris, es todo un ingenuo, el antagonismo perfecto que completa a Russell; mientras que este se retrata como un estafador compulsivo pero convencido de estar haciendo lo correcto.

No es de extrañar que Glenn Ficarra y John Requa, sus directores y guionistas, hayan participado en films como Bad santa, Una pandilla de pelotas o Como perros y gatos. Películas comerciales con un tono subversivo, que, como en Phillip Morris ¡Te quiero! no acaban de decantarse hacia ninguno de los dos lados.

Lluís Alba

dijous, 12 d’agost de 2010

Origen

El origen del cine ha estado vinculado con el ilusionismo. La capacidad de crear una realidad ficticia en la que se tiene el dominio sobre el espacio y el tiempo, otorga a los directores la capacidad de sentirse como dioses. Incluso el cine más convencional, ofrece saltos temporales y espaciales que aceptamos como algo natural, igual que en nuestros sueños. Pudiéndose establecer fácilmente, un silogismo entre los sueños y el cine. El Origen de Nolan es un estudio de ese paralelismo entre dos mundos ilusorios, entre ese poder de la mente y del cineasta.

Desde la perspectiva de un thriller de acción mainstream, Nolan toma referencias de todas sus filias cinéfilas, las copia y las monta para crear un nuevo ente original. Si en los sueños mezclamos recuerdos de nuestras experiencias, Nolan hace lo mismo en su película. Encontramos referencias explícitas a Matrix, Dark city, James Bond, Heat, Paprika, eXistenZ, El almuerzo desnudo y, (casi inconscientemente, como en un sueño) a Shutter island.

Leonardo DiCaprio nunca podrá agradecerle suficientemente a Martin Scorsese que le haya convertido en una de las apuestas seguras para la cartelera en la última década. Cuando su carrera parecía que iba a caer por la borda por culpa de un ego de niño malcriado, recibió la severa educación de Scorsese durante el rodaje de Gangs of New York. Desde entonces, su imagen de ídolo para quinceañeras ha ido evolucionando hasta conseguir que su sola presencia insufle una mínima reputación de respeto hacia el producto en el que aparece. Tanto es así, que sin su participación, Nolan no hubiera conguido el presupuesto necesario para rodar Origen.

Como en un sueño en lo que todo sucede sin tiempo para cuestionarnos como hemos llegado allí, Origen comienza cuando el tren ya está en marcha. Su constante ritmo no permite bajar la atención hasta ese plano final, convertido ya en un referente cinéfilo para la posteridad.

El gusto de Nolan por la alteración temporal narrativa está presente en toda la película, que no deja de ser un gran flashback contado dentro de un sueño. Y su extenso tramo final está narrado mediante cuatro secuencias en paralelo con diferentes reglas temporales. Toda una referencia cinéfila más a los montajes en paralelo habituales de los thrillers policiacos en los que el director ajusta el tiempo del metraje a las necesidades de la película.

La propuesta metafísica de Origen no es tan radical como la presentada por Jim Jarmusch en (la reciente) Los límites del control. Pero, al menos llegará un mayor número de espectadores.

Lluís Alba

dilluns, 2 d’agost de 2010

Zombis nazis

Llega a nuestras pantallas una película noruega de terror que pasó por el Festival de Sitges bajo el título de Dead snow.

Tommy Wirkola expresa, a través de un personaje cinéfilo, que es un fan de Sam Raimi y Peter Jackson. Pero el resultado queda muy lejos de las primeras obras de estos dos maestros.

Lo que podría haber sido un divertimento gore puro, acaba convirtiéndose en una película con más escenas aburridas que destacables. Todo el tramo previo a la hecatombe zombie se hace lento y pesado. La fortuna que tiene la película es que su segunda mitad es mejor gracias a unas escenas gore que funcionan bastante bien. Incluso hay algún gag brillante que demuestra el talento gamberro de Wirkola.

Quizás Wirkola no ha sabido crear un film más redondo por estar pensando demasiado en homenajear a Posesión infernal o Braindead. La admiración que siente ante estos directores acaba lastrando demasiado el resultado final para que la película sea destacada más allá de los, cada vez más numerosos, fans del género zombie.

Lluís Alba

El equipo A

La adaptación de una de las series más icónicas de los 80, podría haberse titulado El equipo A (El origen), si algún desalmado titulador de los recientes remakes de cine de terror de la misma década se hubiese encargado de ello.

Joe Carnahan se encarga de narrar, bajo encargo, cómo se conocieron y cuál fue el crimen que no habían cometido cuatro de los mejores hombres del ejército de los EEUU. Si la serie original era puro entretenimiento bajo un mismo esquema repetitivo, no podía esperarse algo diferente. Filtrado por el prisma de unas secuencias más espectaculares bajo el amparo de efectos digitales de última generación, la gran baza que juega la película es la misma que convirtió en un éxito la serie: Unos personajes icónicos y carismáticos. Los nuevos actores encargados de dar vida a Hannibal Smith, Fénix, M. A. y Murdock son (y están) de lo más acertados. Sharlto Copley (todo un gran descubrimiento en District 9) y Bradley Cooper destacan por encima del resto. Ambos saben llevar sus personajes a un terreno personal sin traicionar el espíritu original.

Lo que peor funciona de la película es cuando se intenta salir del esquema básico de la serie y se intenta profundizar en algún personaje o se desea sorprender en el guión. Pues torpemente se alude a Gandhi para justificar la violencia (ahí es nada) y se monta una secuencia final en la que el equipo A engaña a los malvados de turno (y los guionistas al espectador). El torpe final no consigue la intención de sorprender, pero lo peor es que a esta película no le hacía falta.

Todo parece preparado para crear una saga que, a partir de esa posible secuela, se encargue de repetir (todavía más) el esquema de la serie.

Lluís Alba