dimecres, 25 de març de 2009

Duplicity

Tony Gilroy, curtido como guionista en decenas de películas de éxito, saltó a la fama con su trabajo en la trilogía Bourne. Algo que le supuso dar el salto como director en Michael Clayton, con nominación incluida a los Oscar. Ahora nos presenta otra película de espías bajo el prisma de una comedia romántica.

Lo más original de la película es la idea en sí misma: una película de espionaje con ausencia de armas y secuencias de acción. Una comedia tramposa llena de engaños, que se disfruta alegremente durante toda su proyección, pero tan inocua que se olvida fácilmente al salir del cine.

Su mayor baza consiste en la química que pueda haber entre sus dos estrellas principales: Julia Roberts y Clive Owen. Ambos están bien y las secuencias que se basan en su relación personal son lo mejor de la película. Pero tienen dos secundarios de lujo que se comen la pantalla en sus apariciones: Paul Giamatty y Tom Wilkinson, sobretodo este último que, como siempre, está inmenso.

A pesar de la ausencia de secuencias de acción, sí que tiene muchos referentes del cine de espías, como es la presencia de los personajes en países alejados, ambos pasan por lugares como Dubái, Roma o Las Bahamas. Y también tenemos cierto tono de suspense, pero más parecido a lo que pudiéramos ver en la trilogía de Ocean’s eleven que en las anteriores películas de Gilroy.

Para aumentar el suspense en el espectador la película nos muestra dos líneas temporales, una que sigue los hechos en el presente y otra que va desde el 2004 hasta la actualidad, donde vemos cómo evoluciona la pareja de espías. Por desgracia, con la idea de que el público general no se pierda, hay una serie de rótulos que te dicen cuándo aparecen los flashbacks, aunque creo que sirven más para confundir que para orientar.

La parte de comedia funciona bastante mejor que la parte de espionaje, que no es más que la típica película trampa llena de engaños, pero que no llega a la altura de otras películas como, por ejemplo, Nueve reinas.

Lluís Alba

dimecres, 18 de març de 2009

Los abrazos rotos

Almodóvar, el director de cine español más internacional del momento (y por méritos propios) vuelve al melodrama salpicado por el thriller negro.

Los abrazos rotos es un homenaje al cine dentro del cine. Y sólo alguien que ame el cine, como Almodóvar, es capaz de hacer esta película. Aunque también habla de otras cosas, como el amor obsesivo, la violencia de género, lo más destacable de esta película es su comparación que hace de sí misma dentro de la misma película. Pues vemos como se rueda una comedia (Chicas y maletas) dentro de una película que es un melodrama. Sin pretender ser el ejercicio formal de Melinda y Melinda de Woody Allen tiene algunos puntos en común, pues vemos algunas secuencias (como la caída de una escalera) que ocurren de una forma más dramática en la “vida real” pero que pasan a ser comedia cuando nos la presentan en la ficción. Y, para seguir comparándola con Woody Allen, también tiene cierto parecido a Un final made in Hollywood, en el que Allen interpretaba a un director ciego, igual que lo hace Lluís Homar en esta película. Podría compararse como el mismo amor al cine en el que ambos personajes desean terminar una película a pesar de sus vicisitudes.

Visualmente resulta impecable, una delicia como nos tiene acostumbrados el director manchego. Hay incontables planos que hacen desear ver la película varias veces para recordarlos, planos que sólo cineastas de gran categoría son capaces de imaginar. Como la primera aparición del padre enfermo de Lena (Penélope Cruz), un plano de pocos segundos en la sala de espera de un hospital con las paredes roídas, que concisa totalmente la grave enfermedad de este. Y secuencias imaginativas, como la de la lectora de labios (Lola Dueñas) está poniendo la voz en off en el Making of ante Ernesto Martel (José Luis Gomez) y aparece Lena para completar la frase doblándose a sí misma.

Es cierto que si le quitamos todo esto, la historia en sí no es que sea nada de lo más original. Incluso puede decirse que muchos personajes y situaciones son arquetipos demasiado manidos en el mundo del cine. El rico millonario enamorado de una joven que está con él sólo por dinero o el hijo homosexual (un Rubén Ochandiano con una interpretación que parodia el tópico de maricona loca) que tiene que reprimirse ante su padre Pero Almodóvar es consciente de ellos y nos lo muestra perfectamente en una secuencia en la que Diego (Tamar Novas) le explica a Harry (Lluís Homar) el argumento de una película que quiere rodar sobre vampiros, llena de tópicos pero que, a medida que va imaginándose la historia evoluciona de manera descabellada convirtiendo un tópico de vampiros en una idea original. Algo así podría decirse de la película de Almodóvar, llena de tópicos pero que el cineasta sabe elevarla a un nuevo nivel.

Lluís Alba

Vótalos

dilluns, 16 de març de 2009

Lejos de la tierra quemada

Guillemo Arriaga, conocido por ser el guionista habitual de Alejandro González Iñárritu, dirige su primera película que sigue con el mismo estilo de contar historias cruzadas entre sí aunque ocurran en diferentes lugares o momentos.

Como ya vimos en Amores perros, 21 gramos y Babel, la fatalidad es el nexo de unión entre los diferentes integrantes de la historia. Pero poco a poco la crueldad que veíamos en Amores perros y en 21 gramos empezó a diluirse en Babel, para mostrarse mucho más ligera en Lejos de la tierra quemada.

Y es que Lejos de la tierra quemada funciona mientras el espectador sólo ve algunas de las piezas del puzle que presenta Arriaga, pues cuando ya están todas sobre el tablero, la película se vuelve previsible, alargada y decepcionante en el meloso final.

Visualmente apenas hay diferencias entre las películas dirigidas por Iñárritu y esta, seguramente lo único que podría haber mejorado es que dos cabezas piensan mejor que una, y así podrían haberse corregido algunos de los errores de la película. Además de poder arreglar el tramo final, también podrían haberse corregid algunos fallos de guión como el de la joven Mariana siguiendo al coche de su madre en bicicleta, perdiéndola de vista pero llegando al mismo lugar dónde debía seguirla. Son detalles sin mucha importancia pero que crecen negativamente ante los ojos del espectador si el conjunto de la película no justifica pequeños lapsus. Tampoco queda muy claro el error que comete Mariana cuando hace explotar la caravana de su madre, pero lo peor es que, cuando ocurre, es tan previsible que importa poco.

A pesar de estos detalles y el bajón final de la película, hay que darle todo el mérito que tiene el guionista en saber mezclar bien las diferentes secuencias aparentemente inconexas para ir creando una historia que tenga sentido. Pero da la sensación de que si viéramos la historia en tiempo lineal el interés decaería mucho antes, incluso que no habría ningún motivo para llevarla al cine. Supeditando en exceso el contenido al continente.

No quiero acabar este comentario sin destacar la presencia de la actriz Jennifer Lawrence, la joven de 18 años que sin duda recoge el testigo de Charlize Theron y Kim Basinger como nueva sex-symbol.

Lluís Alba

dilluns, 9 de març de 2009

Gran Torino

Debe haber algún gen especial en los grandes directores que siguen activos y con energía suficiente para seguir trabajando. Clint Eastwood con 78 años de edad hace el doblete como actor y director en Gran Torino (además de escribir la letra del tema principal de la película), que marca, según sus propias declaraciones, su despedida como actor (aunque permítanme dudarlo).

Una despedida como actor por todo lo alto, en una de sus mejores interpretaciones (debería haber sido nominado al Oscar), como abuelo cascarrabias, sorprendiendo por la vis cómica que impregna al papel. Pues Gran Torino es, básicamente, una comedia que basa su humor en las frases sarcásticas (con tintes racistas) de Walt Kowalski. Una fórmula de éxito que ya se saben los guionistas actuales desde el triunfo de Hugh Laurie en House.

Se nota que es una peli con más bajo presupuesto que las grandes obras de Eastwood, tiene una estética de telefilm impropia del director. No es algo definitivamente negativo, pues hay telefilms muy buenos y este sería uno de ellos. Pero sí da una imagen de película menor en su filmografía.

Uno de los aspectos importantes del film es el descubrimiento para el gran público de la comunidad Hmong, una etnia de 18 clanes distribuida entre las montañas de Laos, Vietnam y Tailandia que, tras ayudar a las tropas americanas en Vietnam, tuvieron que exiliarse a los EEUU. Ni el propio Eastwood sabía de la existencia de esta etnia, así que se informó lo suficiente para determinar que sería importante que los actores fueran auténticos Hmong. Como bien supondréis, hay pocos actores profesionales Hmong, y la mayoría de los intérpretes de la película son amateurs, dando Eastwood una oportunidad de oro a varios jóvenes.

Si la estética de telefilm da la imagen de película poco importante, la utilización de actores amateurs no mejora esa sensación. El joven actor Bee Wang, que interpreta a Thao, tiene un nivel demasiado bajo para llevar a un personaje de tanto peso. Por suerte no ocurre lo mismo con Ahney He (Sue, la hermana de Thao) que sin hacer una interpretación muy destacable sí se le nota cierta naturalidad y posibilidades de progresar en el mundo del cine. Pero no toda la culpa es de los Hmong, también hay otro actor joven que interpreta al Padre Janovich que, si bien da la imagen de lo que tiene que representar, su actuación palidece cuando está mano a mano con Clint Eastwood.

A pesar de todo esto, la película no se resiente demasiado, y muestra perfectamente la adaptación de un recién viudo Walt, que acaba de perder a la única persona en el mundo con la que se entendía. Y tiene que aprender a vivir en un barrio dónde todos sus vecinos son inmigrantes. Un viejo solitario, racista, nacionalista, traumatizado por una guerra de Corea que la mayoría de personas desconoce. Poco a poco tendrá que trabar amistad con sus vecinos Hmong, y conseguirá encontrar en el joven Thao una persona dónde focalizar su experiencia para ayudarle a encontrar su camino en la vida.

Ahí es dónde recae la parte importante del significado de la película, en la comparación de dos personas: una en el ocaso de su vida y la otra en el inicio de su edad adulta. Cómo a pesar de ser de culturas diferentes y vivir en tiempos distantes pueden llegar a unirse en pocos días mucho más de lo que Walt ha podido hacerlo en toda su vida con sus hijos.

Todo ello embellecido por una serie de situaciones y diálogos cómico-trágicos que dan la sensación de estar viendo una película larga pero de la que deseas que no se termine nunca. Al menos yo me lo pasé pipa con este personaje de voz susurrante que interpreta Eastwood. De hecho, fue la primera vez que veo en un cine que nadie se levante de la butaca hasta finalizar sus créditos finales hipnotizados con el tema principal de la película.

Lluís Alba

Watchmen

Adaptar un cómic de culto como Watchmen es una tarea difícil, e imposible dejar contentos a todos los aficionados. Aunque estamos en un caso de un cómic único, una reflexión de los cómics de superhéroes dentro de un cómic de superhéroes. Un análisis de su historia desde el inicio del género en los años 30, pasando por su casi desaparición en la década de los 50, su resurgimiento en los 60 hasta su evolución seria y violenta de los 80.

Adaptar todo esto narrado en más de 300 páginas de un cómic denso con mucho más diálogo y texto de apoyo que secuencias de acción, con la interminable verborrea de Alan Moore, es una tarea titánica. Así que la mejor idea que han podido tener los autores del film es hacer una adaptación casi literal del cómic. Los retoques básicos del guión son mínimos y el cambio más significativo sobre la historia original (la ausencia de la ficticia invasión extraterrestre) queda muy coherente en la película. A pesar de ello si a alguien echa de menos algunas escenas del cómic, no tiene nada más que esperar a la salida del DVD dónde se rumorea que se podrá ver una versión extendida que pasará de los 163 minutos a 220, ahí es nada.

El problema de ser tan fiel es que, como película, no acaba de funcionar. El ritmo general es muy lento y puede provocar la ausencia (mental o física) del espectador que no conoce el cómic. Poca gente se interesará en conocer la obra original por ver la peli. Pero para los que conocemos el cómic asombra el diseño de producción que recrea a la perfección la mayoría de personajes y escenarios. Películas de reciente éxito como X-men podría presentar dudas de sí se parecen o no a los personajes del cómic. Con Watchmen eso no ocurre, la película es fiel al original y de eso no hay duda.

Otra cosa son las sensaciones y lo que se quiere decir en el cómic, que es lo que más se ha perdido, la angustia existencialista de sus personajes está más diluida, la ironía de muchas secuencias se vulnera en la película. Pongo el caso de dos ejemplos: 1) La secuencia en la que Laurie y Dan vestidos de calle son atacados por unos delincuentes es mostrada en el cómic como una secuencia de humor en la que unos atracadores creen que están atracando a unas personas mediocres sin saber que son dos superhéroes. En la película esto se muestra con una brutalidad extrema y demasiado seria para lo que requería la escena. 2) El asesinato de Gran figura en el lavabo de la cárcel tenía la ironía de que Búho nocturno y Espectro de Seda II creen que Roscharch ha ido a mear tranquilamente en mitad de su fuga, mientras que en la película ven claramente como este está matando al pequeño delincuente, y esperan sonriendo como si fuera algo agradable.

Esta violencia seria y extrema, es lo más desconcertante de la película. Como si Snyder quisiera enfatizar la idea fascista que puede representar el mundo de los superhéroes. Con secuencias que rayan el gore, algo que no me molesta pero sí que contrasta mucho con el cómic.

Estas diferencias seguramente son las que provoquen que Alan Moore se niegue a salir acreditado en las últimas adaptaciones de sus cómics. Debió salir escarmentado de lo que hicieron con su From Hell y La liga de los hombres extraordinarios. Y no ha querido que su nombre siga vinculado las películas. Pero si comparamos V de Vendetta o Watchmen a las anteriores películas citadas son infinitamente superiores y mucho más fieles a la obra de Moore. Incluso se dice que Moore ha cedido todo el dinero que le correspondía al dibujante del cómic Dave Gibbons.

La dirección de la película es mucho más parecida a la de 300 que a la de El amanecer de los muertos. Con una búsqueda de escenas de acción que mezcla el ralentí y aceleración constante, buscando giros de cámara como en los videojuegos en 3D. Sin parecerme mal del todo, sí que provoca un distanciamiento con la idea de que la película ocurra en los 80, cosa que contrasta con la recreación visual de la época y la utilización de su música.

Lluís Alba

dimecres, 4 de març de 2009

Háblame de la lluvia

La tercera película de la pareja artística y amorosa formada por Agnès Jaoui y Jean-Pierre Bacri sigue en la misma estela de sus predecesoras, una comedia inteligente que confronta el mundo burgués con el proletario.

Quizás no esté al alto nivel que supuso Para todos los gustos o Como una imagen, pero creo que es una sensación personal del momento en las que he visto cada película. Ahora las expectativas sobre Agnès Jaoui las tengo más altas que cuando me sorprendieron por primera vez. Aún así no quiero decir que no valga la pena ver esta película, todo lo contrario. Cuesta encontrar comedias de nivel como esta y cuando se estrena una no hay que dudar en ir al cine.

El dúo protagonista formado por Ronsard (Jean-Pierrre Bacri ) y Karim (Jamel Debbouze) muestra la clásica pareja del payaso listo y el payaso tonto. Mientras que Ronsard es un veterano reportero en horas bajas, Karim es un conserje de hotel que hace documentales en sus ratos libres. Juntos intentarán realizar un documental sobre Agathe Villanova (Agnès Jaoui), una escritora recién entrada en el mundo de la política.

Esta es una película de contrastes entre dos mundos aparentemente distantes pero que deben estar interconectados. El guión muestra muy bien con una interrelación entre personajes como la clase alta debe estar ligada a la baja y viceversa. Además de esta comparación la película es un vodevil en el que vemos cuernos, intento de cuernos, parejas que se rompen, otras que se unen, o se refuerzan. Mostrando que en el tema sentimental no existen diferencias de clases ni razas y todos tienen el mismo tipo de problemas sin importar el estatus social.

Lo que más me ha gustado de la película es Jean-Pierre Bacri. Seguramente sea un papel goloso que le permite sacar lo mejor de sí mismo como actor, pero lo borda como reportero inepto. Gracias a él se nos muestran las escenas más divertidas de la película, sabiendo mostrar con naturalidad el patetismo humano sin caer en la caricatura fácil.

Lluís Alba

dilluns, 2 de març de 2009

¡Me ha caído el muerto!

A pesar del nefasto título que le han puesto en España, ¡Me ha caído el muerto! no es una comedia de humor zafio y grosero como a las que están acostumbrados los adolescentes de hoy en día. Ghost town, es una comedia de tintes clásicos, que bien podría haberse estrenado en los años 30 del, cada vez más, pasado siglo XX.

La cuarta película de David Koepp no destaca especialmente, es una comedia correcta pero sin ningún elemento novedoso o destacable en su guión o en su puesta en escena. De hecho se olvidará fácilmente de no ser por dos elementos importantes que podrían hacer que pasara a la historia cinematográfica: 1) Ser la primera comedia de David Koepp y 2) El debut protagonista cinematográfico de Ricky Gervais.

Ricky Gervais, creador, guionista y protagonista de dos de las mejores series de la historia de la televisión: The office (la original, no el remake americano) y Extras. Si no las habéis visto os doy permiso para dejar de leer esto y dedicar el resto de vuestro día en comprar, robar o descargar legal o ilegalmente estas series (por cierto no compréis la edición española de Extras a no ser que sepáis inglés, pues no lleva subtítulos en castellano).

El dr. Pincus es un personaje hecho a la medida de Gervais mostrado como un tipo misántropo y egoísta, pero que a lo largo del film se irá redimiendo y mejorando su personalidad tal y como mandan los cánones de la comedia norteamericana políticamente correcta. De hecho cuando la película se sale un poco de los cánones es cuando encuentra su mejor dosis de humor. El prólogo tiene su gracia a pesar de ser algo previsible, las escenas en el hospital en el que van a operar a Pincus o la cena en casa de Téa Leoni burlándose en la cara de su novio.

El problema de la peli es que resulta demasiado previsible, no presenta nada que no hayamos visto ya en el clásico Cuento de Navidad o en Ghost. Pero por lo menos es una comedia correcta, con una trío protagonista que está en su salsa y que es la película ideal para llevar a vuestras madres al cine sin que salgan ofendidas.

Lluís Alba