dimecres, 18 de març de 2009

Los abrazos rotos

Almodóvar, el director de cine español más internacional del momento (y por méritos propios) vuelve al melodrama salpicado por el thriller negro.

Los abrazos rotos es un homenaje al cine dentro del cine. Y sólo alguien que ame el cine, como Almodóvar, es capaz de hacer esta película. Aunque también habla de otras cosas, como el amor obsesivo, la violencia de género, lo más destacable de esta película es su comparación que hace de sí misma dentro de la misma película. Pues vemos como se rueda una comedia (Chicas y maletas) dentro de una película que es un melodrama. Sin pretender ser el ejercicio formal de Melinda y Melinda de Woody Allen tiene algunos puntos en común, pues vemos algunas secuencias (como la caída de una escalera) que ocurren de una forma más dramática en la “vida real” pero que pasan a ser comedia cuando nos la presentan en la ficción. Y, para seguir comparándola con Woody Allen, también tiene cierto parecido a Un final made in Hollywood, en el que Allen interpretaba a un director ciego, igual que lo hace Lluís Homar en esta película. Podría compararse como el mismo amor al cine en el que ambos personajes desean terminar una película a pesar de sus vicisitudes.

Visualmente resulta impecable, una delicia como nos tiene acostumbrados el director manchego. Hay incontables planos que hacen desear ver la película varias veces para recordarlos, planos que sólo cineastas de gran categoría son capaces de imaginar. Como la primera aparición del padre enfermo de Lena (Penélope Cruz), un plano de pocos segundos en la sala de espera de un hospital con las paredes roídas, que concisa totalmente la grave enfermedad de este. Y secuencias imaginativas, como la de la lectora de labios (Lola Dueñas) está poniendo la voz en off en el Making of ante Ernesto Martel (José Luis Gomez) y aparece Lena para completar la frase doblándose a sí misma.

Es cierto que si le quitamos todo esto, la historia en sí no es que sea nada de lo más original. Incluso puede decirse que muchos personajes y situaciones son arquetipos demasiado manidos en el mundo del cine. El rico millonario enamorado de una joven que está con él sólo por dinero o el hijo homosexual (un Rubén Ochandiano con una interpretación que parodia el tópico de maricona loca) que tiene que reprimirse ante su padre Pero Almodóvar es consciente de ellos y nos lo muestra perfectamente en una secuencia en la que Diego (Tamar Novas) le explica a Harry (Lluís Homar) el argumento de una película que quiere rodar sobre vampiros, llena de tópicos pero que, a medida que va imaginándose la historia evoluciona de manera descabellada convirtiendo un tópico de vampiros en una idea original. Algo así podría decirse de la película de Almodóvar, llena de tópicos pero que el cineasta sabe elevarla a un nuevo nivel.

Lluís Alba