dilluns, 9 de març de 2009

Gran Torino

Debe haber algún gen especial en los grandes directores que siguen activos y con energía suficiente para seguir trabajando. Clint Eastwood con 78 años de edad hace el doblete como actor y director en Gran Torino (además de escribir la letra del tema principal de la película), que marca, según sus propias declaraciones, su despedida como actor (aunque permítanme dudarlo).

Una despedida como actor por todo lo alto, en una de sus mejores interpretaciones (debería haber sido nominado al Oscar), como abuelo cascarrabias, sorprendiendo por la vis cómica que impregna al papel. Pues Gran Torino es, básicamente, una comedia que basa su humor en las frases sarcásticas (con tintes racistas) de Walt Kowalski. Una fórmula de éxito que ya se saben los guionistas actuales desde el triunfo de Hugh Laurie en House.

Se nota que es una peli con más bajo presupuesto que las grandes obras de Eastwood, tiene una estética de telefilm impropia del director. No es algo definitivamente negativo, pues hay telefilms muy buenos y este sería uno de ellos. Pero sí da una imagen de película menor en su filmografía.

Uno de los aspectos importantes del film es el descubrimiento para el gran público de la comunidad Hmong, una etnia de 18 clanes distribuida entre las montañas de Laos, Vietnam y Tailandia que, tras ayudar a las tropas americanas en Vietnam, tuvieron que exiliarse a los EEUU. Ni el propio Eastwood sabía de la existencia de esta etnia, así que se informó lo suficiente para determinar que sería importante que los actores fueran auténticos Hmong. Como bien supondréis, hay pocos actores profesionales Hmong, y la mayoría de los intérpretes de la película son amateurs, dando Eastwood una oportunidad de oro a varios jóvenes.

Si la estética de telefilm da la imagen de película poco importante, la utilización de actores amateurs no mejora esa sensación. El joven actor Bee Wang, que interpreta a Thao, tiene un nivel demasiado bajo para llevar a un personaje de tanto peso. Por suerte no ocurre lo mismo con Ahney He (Sue, la hermana de Thao) que sin hacer una interpretación muy destacable sí se le nota cierta naturalidad y posibilidades de progresar en el mundo del cine. Pero no toda la culpa es de los Hmong, también hay otro actor joven que interpreta al Padre Janovich que, si bien da la imagen de lo que tiene que representar, su actuación palidece cuando está mano a mano con Clint Eastwood.

A pesar de todo esto, la película no se resiente demasiado, y muestra perfectamente la adaptación de un recién viudo Walt, que acaba de perder a la única persona en el mundo con la que se entendía. Y tiene que aprender a vivir en un barrio dónde todos sus vecinos son inmigrantes. Un viejo solitario, racista, nacionalista, traumatizado por una guerra de Corea que la mayoría de personas desconoce. Poco a poco tendrá que trabar amistad con sus vecinos Hmong, y conseguirá encontrar en el joven Thao una persona dónde focalizar su experiencia para ayudarle a encontrar su camino en la vida.

Ahí es dónde recae la parte importante del significado de la película, en la comparación de dos personas: una en el ocaso de su vida y la otra en el inicio de su edad adulta. Cómo a pesar de ser de culturas diferentes y vivir en tiempos distantes pueden llegar a unirse en pocos días mucho más de lo que Walt ha podido hacerlo en toda su vida con sus hijos.

Todo ello embellecido por una serie de situaciones y diálogos cómico-trágicos que dan la sensación de estar viendo una película larga pero de la que deseas que no se termine nunca. Al menos yo me lo pasé pipa con este personaje de voz susurrante que interpreta Eastwood. De hecho, fue la primera vez que veo en un cine que nadie se levante de la butaca hasta finalizar sus créditos finales hipnotizados con el tema principal de la película.

Lluís Alba

1 comentari:

Anònim ha dit...

la figura del cotxe te una gran importancia al film,oi ?
jajajajajjaja
Marc.