dijous, 25 de juny de 2009

Transformers, la venganza de los caídos

¡Bienvenidos al cine espectáculo, entren a la sala, abróchense los cinturones y disfruten! Estas son las únicas premisas necesarias antes de ver Transformers, la venganza de los caídos. Efectos digitales asombrosos, acción por un tubo, sonido desbordante, tías buenas que mantienen sus labios húmedos en el desierto, una cámara que nunca permanece quieta (¿para qué?), algo de humor infantil para compensar y ya estarán subidos en la montaña rusa más laaaarga del mundo. Todo lo que se vio en la primera parte es elevado a la enésima potencia en esta secuela. Muchísimos más robots, más secuencias de acción, más planos de Megan Fox y más duración. Es como ir a un festín y disfrutar tanto de la comida que no puedas parar hasta vomitar.

Para los fans de los muñecos o de la serie de televisión de los 80, si es que los hay, también se llevarán la alegría de encontrar un mayor número de referencias en cuanto a los nuevos personajes/robots que aparecen en esta secuela. Los treintañeros más nostálgicos recordarán aquel muñequito que tenía o, que hubiese querido tener: el jaguar Ravage (lástima que el casete haya pasado de moda y no se transforme), los nuevos autobots y los Constructicons que se acoplan en el gigante Devastator. Incluso la relación por usurpar el mando de los Decepticons entre Starscream y Megatron es mucho más similar a los dibujos animados.

Aunque el argumento sea tan infantil como si de una película basada en juguetes se tratara, aunque la forma de rodar de Michael Bay resulte mareante (le da igual que se trate de un videoclip de cinco minutos o de una peli de dos horas y media), aunque tenga un final tan alargado que canse hasta la saciedad, sólo quedan dos opciones: dejar las pretensiones en casa y disfrutar de la película o quedarse en casa.

Lluís Alba

dilluns, 22 de juny de 2009

¿Hacemos una porno?

Tras el fracaso que supuso Jersey girl, la comedia romántica al servicio de Ben Affleck (que también supuso la única vez que me he encontrado solo en una sala de cine), Kevin Smith trató de volver a sus orígenes con una innecesaria secuela de Clerks. Supongo que el irregular resultado le hizo reflexionar sobre su carrera, y decidió subirse al carro de la nueva comedia americana producida por Apatow.

El resultado general es similar a las primeras películas de Kevin Smith, llena de rápidos diálogos con referencias frikis y sexualmente esplícitos. Parte autobiográfica, su experiencia rodando Clerks no debió ser muy diferente de las de Zack y Miri rodando porno. Y también cuenta con sus actores/amiguetes fetiche como Jason Mewes (que, por primera vez, no interpreta a Jay en una peli de Kevin Smith) y con Jeff Anderson, el irreverente dependiente de videoclub en Clerks.

Los diálogos de Kevin Smith vuelven con fuerza y son divertidos, sobretodo gracias a la vis cómica de Seth Rogen. Aunque no sorprenda tanto como en sus primeras obras, también hay escenas que tienen gracia, como ver las versiones porno de los personajes de Star wars o usar a Brando Routh, como personaje gay (quizás una venganza porque no escogieron su guión para Superman Returns) en la fiesta de antiguos alumnos, en una clara alusión al mismo tipo de celebración que aparece en Superman III.

Sin embargo, la película baja de nivel cuando entra en su parte más romántica y seria. Incluso parece que se trate de otra película. Pues la sutilidad no es el punto fuerte de Smith, y en ningún momento consigue emocionar. La mayor parte de esas secuencias tienen a Elizabeth Banks como protagonista, que hace un destacable trabajo en la parte de comedia, pero no resulta creíble cuando el tono se vuelve más serio. Es una pena, porque Banks parece una buena actriz que cae simpática, pero que no acaba de despuntar en ninguna película, algo parecido al caso Carolina Ferre en nuestra televisión, que curiosamente guarda parecido físico con la actriz. ¿Será algo genético?

Lluís Alba

dijous, 18 de juny de 2009

Los mundos de Coraline

La adaptación de Henry Selick del libro de Neil Gaiman no llega al nivel de obra maestra como podría considerarse Pesadilla antes de Navidad, pero sí que la convierte en una de las mejores películas de animación del año (a la espera de ver Up de Pixar).

Aunque la obra de Neil Gaiman no sea un prodigio de originalidad, no deja de ser lo suficiente interesante para crear una película como esta. Y Henry Selick lo vuelve a hacer, transformando el relato de Coraline en una alegría visual que estimula el cerebro.

El único punto negativo de la película es cuando se aparta del libro de Gaiman. Wiby, el personaje inventado para la película no aporta gran cosa, incluso resulta algo molesto. Y el fatal cambio de buscar los ojos de los niños fantasma en lugar de sus almas también queda ridículo, pues solo busca un ojo de cada niño, a pesar de que todos tienen ambos ojos sustituidos por botones.

Por suerte la maravilla visual del stop-motion queda muy por encima de los defectos que pueda tener, y más si se tiene la oportunidad de disfrutar la película en 3-D.

Lluís Alba

dimecres, 10 de juny de 2009

Terminator Salvation

Cuando supe que McG iba a ser el director de una nueva entrega de Terminator, pensé que la idea era hacer caer más bajo la saga después del soso Terminator 3. A pesar de que McG crea lo contrario (sólo hay que escucharlo en los audiocomentarios de los DVDs de Los ángeles de Charlie), no se le puede considerar alguien que dirija películas de autor, ni siquiera al nivel de a Michael Bay. Su trayectoria hasta el momento no es muy diferente de la que pueda tener gente más común como Brett Ratner o Gore Verbinski.

A pesar de todo esto, McG ama el cine, ha visto muchas películas y leído novelas de ciencia ficción. Siendo fan de la saga, por lo menos ha pretendido ser respetuoso con las películas de James Cameron, y lo primero que hizo fue corregir alguna de las ideas absurdas del primer guión de John Brancato y Michael Ferris (los mismos que escribieron Terminator 3, aunque deberían haber cobrado sólo por los últimos 5 minutos que eran la única parte que no copiaron de Terminator 2), dónde pretendían matar a Kyle Reese para acabar transformándose en un ser cybernético.

Así que el inicio de una nueva trilogía ambientada en el futuro post-apocalíptico, por lo menos avanza algo en la historia y no se queda estancada en una nueva repetición de esquemas como llevábamos desde 1984. Pero el talento visual de McG no pasa de ir cogiendo una idea de aquí y otra de allá e ir pegando como si construir una película fuera lo mismo que crear la criatura de Frankenstein. Los buenos momentos visuales suelen ser pastiches sacados de otras películas o de videojuegos (de hecho, esta vez estoy deseando tener el DVD de la película para que McG revele sin vergüenza alguna de dónde ha copiado cada plano). Esto hace que la película se resienta muy negativamente ante la falta de un montaje ágil, y abunden secuencias intercaladas sin una sensación de coherencia.

Como toda película de ciencia-ficción lo más destacado es la imaginería fantástica que suele aparecer, como si de los mejores tiempos de Harryhausen se tratara, aquí tenemos una creación de criaturas robóticas a cada cual más original. Pero, desgraciadamente, no hay ninguna que nos impregne suficientemente la retina para recordarla posteriormente. Entre las pocas que se salvan, están una especie de serpiente cibernética, que acaba siendo desaprovechada en su secuencia estrella cuando atacan a John Connor en un río. Pues en ningún momento causan la sensación de peligro y angustia que toda buena película-espectáculo necesita.

Por fortuna hay varios elementos positivos que hacen que la película se salve de la quema y no quede en el olvido como Terminator 3. Uno de ellos es el nuevo personaje creado para esta película: Marcus Wright, bien interpretado por Sam Worthington, dándole carisma a su actuación, todo lo contrario al soso de Christian Bale (pero no lo digo muy alto por si viene a meterme una paliza). Y sobre él gira toda la película, desde el prólogo inicial, junto a Helena Bonham Carter (siguiendo en su carrera particular por ver en que película puede salir más fea), pasando por una parte inicial dónde es el principal protagonista, su revelación importante a media película y su importante implicación en el final.

El factor nostalgia también está bien aplicado, seguramente sea lo mejor que puede hacer McG por su cualidad de fan de la saga. Tenemos revival en el inicio, con unas brebes notas musicales del tema principal de Terminator, también escuchando la mítica frase (en castellano reducida a una sola palabra) “I will back” (Volveré), la canción You could be mine de Gun’s and rouses y, por supuesto, el mejor momento de la película, la aparición de un doble digital del Schwarzenegger de los 80, que hacen creíble la fantasía de poder ver nuevas películas con actores muertos. Ahora sólo falta encontrar la manera de clonar directores de talento.

Lluís Alba

Secret sunshine

Las películas coreanas que había visto hasta el momento tenían siempre unas características estéticas o argumentales que las alejaban de la realidad. Películas de directores más asiduos en nuestras salas occidentales como Park Chan-wook, Kim Ki-duk o Bong Joon-ho. Sin embargo Secret Sunshine, dirigida por Lee Chan-dong, es diferente al llamado nuevo cine Coreano. Lee Chan-dong con 55 años y sólo 4 películas en su filmografía contrasta con la juventud y la prolífica creación de títulos de sus compatriotas antes nombrados.

Secret Sunshine es un drama contado con calma, como demuestran sus dos horas y media de metraje, en el que nos muestra todos los estados posibles por los que puede pasar una mujer después de varias tragedias en su familia. La vemos suplir la falta de su marido trasladándose al pueblo natal de este, su conversión al cristianismo para superar el asesinato de su hijo y el rechazo a esta misma religión por no entender que el asesino también haya sido perdonado por Dios.

Resulta chocante ver como el cristianismo está tan arraigado en Corea, aunque sea una de sus religiones más extendidas, es un dato desconocido para la mayoría de occidentales. Esta película nos muestra la forma peculiar de vivir el cristianismo, en el que parece normal que la farmacéutica de la esquina te haga un mitin religioso cuando vas a comprar tiritas o ver como, además de en la parroquia, se reúnen en los pisos para seguir orando y tener charlas cristianas.

Su ritmo pausado y su larga duración hacen recomendable ir a ver esta película en el cine, lejos de la tentación de usar el stop para continuar viéndola otro día. Aunque hubo algún abandono en la sala, ya que es necesaria cierta paciencia para disfrutar de la película, y sin que sea una obra extraordinaria, sí que merece la pena ver como un tema tan morboso y amarillento es tratado con extrema sensibilidad. En parte es gracias a la magnífica creación de los dos personajes protagonistas (tanto por parte del guión como de los actores), que muestran un paralelismo en sus vidas que nos sirve para comparar como por situaciones diferentes se puede llegar a estar en el mismo sitio.

Mientras que Lee Shin-ae, empieza todo su periplo trágico por el amor a su difunto (e infiel) marido, Kim Jong-chan, enamorado sin ser correspondido de Shin-ae, la acompaña en todos sus cambios de personalidad aunque no espere obtener algo a cambio. La relación entre estos dos personajes queda resumida con enorme sensibilidad en el plano del hospital, en el que Jong-chan se acerca a unos milímetros del rostro Shin-ae mientras ella se hace la dormida.

Lluís Alba

dijous, 4 de juny de 2009

Los hombres que no amaban a las mujeres

El gran éxito literario de la trilogía Millenium, cortado prematuramente por la muerte de su autor, Stieg Larsson, es adaptado al cine por Niels Arden Oplev, cineasta sueco cuya mayor carrera se ha forjado en la televisión. Dándole un tono formal de telefilm de suspense europeo, de los que estamos acostumbrados a ver en algunas televisiones locales por la noche.

No he leído el original literario, pero como todo best-seller de suspense, tiene los tópicos que ya hemos visto miles de veces en cualquier película. Uno de los ejemplos más claros de esto es la secuencia en la que el malo de turno cuenta todos sus planes al bueno mientras lo tiene atado minutos antes de intentar matarlo.

Aunque como película de suspense funciona perfectamente, y sabe cautivar la atención durante las dos horas y media que dura, no pasaría de ser una historia más si no fuera por algunos elementos que la hacen destacar por encima de la media. Pues más allá del interés por descubrir que ocurrió con la desaparición de Harriet, el tema principal es el que le da el título a la película, el escabroso submundo que encarnan ciertas personas que no dudan de usar su poder para abusar sexualmente de los más débiles. Encarnado en una primera parte de la película por el tutor de Lisbeth, y después por el asesino en serie que deben descubrir. Personas que aparentan una buena imagen, de los que nos hemos cruzado alguna vez en nuestra vida sin llegar a sospechar todo lo que ocultan. Algo sobre lo que deberíamos reflexionar.

Y el otro punto fuerte de la película es tener un personaje potente como Lisbeth Salander, la hacker que ayuda a investigar Blomkvist. Tiene todo para triunfar como uno de los personajes icónicos de la historia del cine: un look destacado, un pasado misterioso y traumático etc... Y la buena elección de Noomi Rapace, una actriz sin experiencia, pero que ha sabido meterse perfectamente en el papel. Llegando a ponerse realmente todos los pearcings que necesitaba el personaje y aprendiendo a llevar una moto.

La siguiente entrega de la trilogía estará dirigida por Daniel Alfredson, hermano de Tomas Alfredson, director de la pequeña joya vampírica Déjame entrar. Si tiene la mitad del talento de su hermano, seguro que será una buena secuela.

Lluís Alba