dimecres, 10 de juny de 2009

Secret sunshine

Las películas coreanas que había visto hasta el momento tenían siempre unas características estéticas o argumentales que las alejaban de la realidad. Películas de directores más asiduos en nuestras salas occidentales como Park Chan-wook, Kim Ki-duk o Bong Joon-ho. Sin embargo Secret Sunshine, dirigida por Lee Chan-dong, es diferente al llamado nuevo cine Coreano. Lee Chan-dong con 55 años y sólo 4 películas en su filmografía contrasta con la juventud y la prolífica creación de títulos de sus compatriotas antes nombrados.

Secret Sunshine es un drama contado con calma, como demuestran sus dos horas y media de metraje, en el que nos muestra todos los estados posibles por los que puede pasar una mujer después de varias tragedias en su familia. La vemos suplir la falta de su marido trasladándose al pueblo natal de este, su conversión al cristianismo para superar el asesinato de su hijo y el rechazo a esta misma religión por no entender que el asesino también haya sido perdonado por Dios.

Resulta chocante ver como el cristianismo está tan arraigado en Corea, aunque sea una de sus religiones más extendidas, es un dato desconocido para la mayoría de occidentales. Esta película nos muestra la forma peculiar de vivir el cristianismo, en el que parece normal que la farmacéutica de la esquina te haga un mitin religioso cuando vas a comprar tiritas o ver como, además de en la parroquia, se reúnen en los pisos para seguir orando y tener charlas cristianas.

Su ritmo pausado y su larga duración hacen recomendable ir a ver esta película en el cine, lejos de la tentación de usar el stop para continuar viéndola otro día. Aunque hubo algún abandono en la sala, ya que es necesaria cierta paciencia para disfrutar de la película, y sin que sea una obra extraordinaria, sí que merece la pena ver como un tema tan morboso y amarillento es tratado con extrema sensibilidad. En parte es gracias a la magnífica creación de los dos personajes protagonistas (tanto por parte del guión como de los actores), que muestran un paralelismo en sus vidas que nos sirve para comparar como por situaciones diferentes se puede llegar a estar en el mismo sitio.

Mientras que Lee Shin-ae, empieza todo su periplo trágico por el amor a su difunto (e infiel) marido, Kim Jong-chan, enamorado sin ser correspondido de Shin-ae, la acompaña en todos sus cambios de personalidad aunque no espere obtener algo a cambio. La relación entre estos dos personajes queda resumida con enorme sensibilidad en el plano del hospital, en el que Jong-chan se acerca a unos milímetros del rostro Shin-ae mientras ella se hace la dormida.

Lluís Alba