dijous, 12 d’agost de 2010

Origen

El origen del cine ha estado vinculado con el ilusionismo. La capacidad de crear una realidad ficticia en la que se tiene el dominio sobre el espacio y el tiempo, otorga a los directores la capacidad de sentirse como dioses. Incluso el cine más convencional, ofrece saltos temporales y espaciales que aceptamos como algo natural, igual que en nuestros sueños. Pudiéndose establecer fácilmente, un silogismo entre los sueños y el cine. El Origen de Nolan es un estudio de ese paralelismo entre dos mundos ilusorios, entre ese poder de la mente y del cineasta.

Desde la perspectiva de un thriller de acción mainstream, Nolan toma referencias de todas sus filias cinéfilas, las copia y las monta para crear un nuevo ente original. Si en los sueños mezclamos recuerdos de nuestras experiencias, Nolan hace lo mismo en su película. Encontramos referencias explícitas a Matrix, Dark city, James Bond, Heat, Paprika, eXistenZ, El almuerzo desnudo y, (casi inconscientemente, como en un sueño) a Shutter island.

Leonardo DiCaprio nunca podrá agradecerle suficientemente a Martin Scorsese que le haya convertido en una de las apuestas seguras para la cartelera en la última década. Cuando su carrera parecía que iba a caer por la borda por culpa de un ego de niño malcriado, recibió la severa educación de Scorsese durante el rodaje de Gangs of New York. Desde entonces, su imagen de ídolo para quinceañeras ha ido evolucionando hasta conseguir que su sola presencia insufle una mínima reputación de respeto hacia el producto en el que aparece. Tanto es así, que sin su participación, Nolan no hubiera conguido el presupuesto necesario para rodar Origen.

Como en un sueño en lo que todo sucede sin tiempo para cuestionarnos como hemos llegado allí, Origen comienza cuando el tren ya está en marcha. Su constante ritmo no permite bajar la atención hasta ese plano final, convertido ya en un referente cinéfilo para la posteridad.

El gusto de Nolan por la alteración temporal narrativa está presente en toda la película, que no deja de ser un gran flashback contado dentro de un sueño. Y su extenso tramo final está narrado mediante cuatro secuencias en paralelo con diferentes reglas temporales. Toda una referencia cinéfila más a los montajes en paralelo habituales de los thrillers policiacos en los que el director ajusta el tiempo del metraje a las necesidades de la película.

La propuesta metafísica de Origen no es tan radical como la presentada por Jim Jarmusch en (la reciente) Los límites del control. Pero, al menos llegará un mayor número de espectadores.

Lluís Alba