dijous, 1 de setembre de 2011

El perfecto anfitrión

El australiano Nick Tomnay debuta en el largo con El perfecto anfitrión, una adaptación de su cortometraje titulado The host que realizó durante 2001 en su país de origen.

Tras recibir numerosos premios en los festivales por los que pasó, decidió mudarse con su esposa a Nueva York, con la intención de realizar esta película. Buscó una representante para mover el guión entre diferentes productoras, pero no se llegó a concretar nada. Mientras trabajaba dirigiendo spots y participando en Two twisted (una serie de televisión australiana), su representante le dijo que estaba harta de las respuestas negativas de las productoras. Ella y su socia se harían cargo de la producción.

Con la dificultad económica que eso conlleva, tuvo la suerte de poder contratar al actor David Hyde Pierce (Niles, el hermano de Frasier), sin duda el alma de la película que no podría ser la misma sin su participación. Tras el pase por diversos festivales, la película comenzó a tener cierta repercusión internacional (en España la pudimos ver en el Festival de Sitges 2010). Hasta que la productora independiente Festival films, ha decidido arriesgarse y estrenarla en nuestras salas comerciales.

Se nota claramente la influencia de varias películas como El quimérico inquilino (Le locataire, 1976) de Roman Polanski y La huella (Sleuth, 1972) de Joseph L. Mankiewicz. Pero tiene la suficiente entidad para ser una obra totalmente distinta. Difícil es hablar de esta película sin revelar nada, pues contiene una par de giros en el guión que, más allá de las (lógicas) reticencias que se pueda tener, no empañan el resultado final. Los giros enfatizan la enfermedad mental del protagonista, hasta tal punto de hacer partícipe al espectador de sus visiones. Incluso los personajes imaginarios tienen la suficiente entidad para resultar creíbles lejos de la mente que los creó.

No es una película perfecta, algunas secuencias se alargan innecesariamente y se vuelven repetitivas, pero sí lo suficientemente recomendable para no dejarla pasar por alto.

Lluís Alba