dijous, 29 de juliol de 2010

Las vidas posibles de mr. Nobody

Trece años después de El octavo día, Jaco Van Dormael trata de explicarnos, en una sola película, que el azar y cada decisión que tomamos crea un mundo completamente distinto.

La propuesta es original, a pesar que podemos encontrar varias similitudes con anteriores películas: La vida en un hilo de Edgar Neville, Providence de Alain Resnais, Dos vidas en un instante de Peter Howitt o Corre Lola corre de Tom Tykwer.

El estilo de Van Dormael, alejado del cine autor europeo y más propio del mainstream americano, consigue que la compleja propuesta sea digerible para cualquier espectador. Aunque narrativamente vaya dando saltos en diferentes líneas temporales, Van Dormael viste todas esas secuencias como si de una película de Robert Zemeckis se tratara. Su admiración por el discípulo aventajado de Spielberg es tal, que no faltan homenajes. Como la canción Mr. Sandman que aparecía en Regreso al futuro o la inclusión de planos calcados a Forrest Gump.

El aspecto visual no es lo único que convierte esta película en algo más entendedor. Para clarificar las cosas, desde el inicio se nos esquematiza que mr. Nobody se relacionará con tres chicas. Además, el guión se decanta por una de ellas y utiliza su historia como núcleo principal de la película. La historia de amor adolescente, se nos alterna con dos posibles contrapuntos, dos extremos bien diferenciados de lo que podría haber dado la vida amorosa de mr. Nobody: Una relación de amor incondicional enfrentada a una relación vacía sentimentalmente dentro de una vida aparentemente perfecta.

Si con todo esto, el espectador todavía se pregunta de qué va la película, Van Dormael se encarga de darnos una respuesta final a todo lo que hemos visto. Curiosamente la explicación racional del argumento, se vuelve mucho más inverosímil que cualquier aspecto puramente ci-fi que contiene el film.

El cine de autor complejo nos ha acostumbrado a sentirnos humillados ante la superioridad intelectual de la obra. Van Dormael no nos deja ni fustigarnos con su película para salir del cine y gritar a los cuatro vientos que no somos dignos. Eso se lo dejamos a otros directores como David Lynch, Darren Aronofsky o Albert Serra.

Lluís Alba