dissabte, 22 de desembre de 2007

Soy leyenda

Tercera versión cinematográfica de la novela de Richard Matheson. En la que el mismo personaje ha sido interpretado por actores tan dispares como Vincent Price, Charlton Heston y, ahora, Will Smith. Evolucionando (o involucionando) un personaje de maduro científico a joven militar (y científico también).

La novela y la primera versión cinematográfica sirvió como base para La noche de los muertos vivientes de George A. Romero. Cambiando a los infectados vampiros por muertos vivientes. En esta versión, son todo lo contrario a los cánones de muertos vivientes. Pues los albinos corren y saltan tanto o más que los zombies de El amanecer de los muertos. En esta ocasión las criaturas están hechas íntegramente por ordenador, algo que puede facilitar la realización de sus saltos acrobáticos, pero que evita que podamos relacionarlos con los seres humanos que fueron. Dudo que esta haya sido la mejor elección para representar a los infectados.


También pongo en duda la elección de Will Smith para el personaje principal, pues al no tener un director que sepa acotarlo a la justa medida del personaje, tiene alguna secuencia payasil absurda que nos recuerda que fue El príncipe de Bel Air, cuando interpreta “a capela” una canción de Bob Marley.


Hay una secuencia en la que Will Smith recita de memoria los diálogos de la película Shrek, que ha tenido que verla múltiples veces (algo incoherente con la historia, pues tiene un videoclub al que ha acudido a diario durante los 1.000 días que ha pasado sólo). Supongo que es un homenaje a todos los que vimos en Antena 3 más de 1.000 veces cada capítulo de El príncipe de Bel Air y éramos capaces de recitar los diálogos igual que hace Will con Shrek.


Otra de las cosas que perjudica a la película es el tufillo cristiano que la envuelve. Se aprecia en alguna secuencia de los flashbacks que nos ilustran cómo se separó Will Smith de su familia. Cómo de la aparición de un personaje que se convierte en una especie de mesías salvador. Sobretodo en la absurda secuencia final. Sin desvelar nada, sólo diré que un absurdo tatuaje de una mariposa que le recuerda a un juego con su hija es lo que provoca la resolución del film. Un final bastante innecesario.


Lo único que aporta esta nueva versión es la tecnología punta en efectos especiales y la secuencia en la que nos encontramos por primera vez a los infectados.


El resto tiene muchas similitudes formales con Constantine. Saltos desde un edificio con la cámara siguiendo la acción del que cae. Y en los FX de criaturas, estamos en las mismas, cambiando murciélagos por pájaros, demonios por infectados etc...

Lluís Alba