dijous, 20 de desembre de 2007

Lejos de ella

Después de una serie de cortos y trabajos para televisión, Sarah Polley debuta en el largo cinematográfico con una película atípica para un director joven.

La canadiense actriz musa de Isabel Coixet, nos presenta una historia sobre una matrimonio de avanzada edad Grant y Fiona, en la que ella es atacada por el alzheimer.

La historia parece la típica de un telefilm de un sábado por la tarde. Formalmente también parece un trabajo hecho para televisión. Pero eso sería quedarse solamente en la superficie, pues encontramos muchas diferencias entre un telefilm y Lejos de ella.

Para empezar, actuaciones creíbles. Tanto la pareja protagonista, como un Michael Murphy, interpretando sin hablar a Aubrey de alzheimer avanzado.
Una dirección artística muy cuidada, en la que vemos un contraste marcado entre la casa dónde viven Grant y Fiona, y la residencia. Mientras que en la casa vemos cantidad de objetos, el típico desorden de cualquier casa, colores oscuros etc... La residencia contrasta por estar todo en perfecto orden, colores claros y planos para las habitaciones.

Encontramos algunos flashbacks (pero no se trata de ninguna pirueta narrativa, la película tiene un desarrollo narrativo lineal) que nos muestran algunos momentos del pasado en el que Grant le fue infiel a Fiona en la época hippie. Ella le recuerda este hecho cuando van a ingresarla a la residencia, pero diciéndole que no le guarda ningún rencor. Al llegar a la residencia les informan que una de las normas es que el primer mes no podrá visitar a la paciente para que se acostumbre mejor. Lo que sigue con una despedida en la que Fiona le pide que le haga el amor y se vaya. Sí, esta es una película en la que se demuestra que puede haber sexo en la tercera edad.

Lo que ocurre en este mes no lo sabemos ni Grant ni el espectador. Y, al volver a la residencia, volemos con Grant a ver a su mujer. Y nos encontramos con que Fiona no recuerda a Grant y a empezado a tener una relación con Aubrey, un interno de Alzehimer avanzado que no habla ni puede caminar.

Fiona parece otra persona, para enfatizar eso también comienza a usar ropa que antes jamás se pondría. Y tanto Grant como nosotros estamos ante la duda si realmente se ha olvidado de él, o es una forma de venganza por el adulterio que sufrió en los 70.

Esta historia que hubiera sido mostrada como un drama de lágrima fácil, aquí incluso tiene algunos detalles de comedia: La ironía de Fiona cuando lee un libro sobre el alzehimer y cada línea le recuerda a su relación con Grant. O uno de los internos que había sido locutor deportivo, y va narrando todo lo que ocurre en la residencia.


Lluís Alba