dilluns, 30 de juny de 2008

Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian

Después del éxito cosechado con El león, la bruja y el armario Disney vuelve a la carga con la segunda película de Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian.

El orden de las películas sigue el orden de publicación de los libros, diferente al cronológico que es cómo se puede encontrar a la venta actualmente en la mayoría de ediciones. Algo que crea confusión y no se sabe si esta es la 2ª película o el 4º libro o que es. Yo me decanto por esta opción, tal y cómo se publicaron y no por la cronológica. Pero para el que le interese más saber del tema tenemos suerte de que Dios creó la Wikipedia y podéis consultar su orden aquí.

Cuando vi la primera película de Las crónicas de Narnia, tenía muy reciente en mi memoria las películas de El señor de los anillos e hizo que me pareciera una película de segunda fila, además de tener ese tufillo cristiano que por mis prejuicios aún me hacía más insoportable esa historia. Pero ver esta secuela de un modo más relajado y sin esperar nada del otro mundo ha hecho que me parezca mejor película que la primera. A pesar de sus dos horas y media no sólo no se me hizo larga si no que me pareció un gran espectáculo de cine de aventuras para toda la familia. Como viene siendo habitual en estas secuelas es algo más oscura que la anterior entrega (y no me refiero a la iluminación) pero sin llegar a nada que pueda ofender en exceso a las familias de bien que seguro que inundarán las salas.

Visualmente me sigue pareciendo muy inferior a las películas de Peter Jackson. Pero quizás sea más un concepto diferente de estilo, más clásico el utilizado por Andrew Adamson. O por estar muy acostumbrado a que estas grandes producciones sean filmadas con fondos digitales en los últimos años, y ver un bosque natural me resulte más artificial que el creado en un ordenador. En El príncipe Caspian cada vez que veo a los personajes en un bosque no me creo que sea un bosque de otro mundo, si no que, al girar la cámara, me imagino que podría ver una casa o un parque de cualquier ciudad occidental del siglo XXI. Curiosamente eso no me pasaba en El señor de los anillos (a pesar del supuesto plano en el que se veía a un tractor en el horizonte).

Otro problema es el de los actores principales: Caspian y los hermanos Pevensie que, en apariencia, dan el pego, pero sus actuaciones no pasan de lo correcto. Excepto la hermana pequeña que tiene más naturalidad que los otros cuatro actores juntos. Esperemos que de mayor no pierda ese desparpajo y, durante su adolescencia, no se drogue en exceso ni sufra bulimia y llegue a ser una buena actriz.

Sobre la apología del cristianismo, que aparece en las novelas y, por eso, me parece bien que esté en las películas, tiene el problema que es algo sibilino para adoctrinar a los niños en la fe y usa al personaje de la niña pequeña para que se sientan más identificados, pues es la única que tiene fe en Aslan (que viene a ser Dios) y acaba por tener razón en su empeño. Para los adultos que ya hayan optado por tener fe o no, es demasiado evidente y no tenga ningún efecto cambiante. Pero peor que eso me parece la moralina asexual que hay en el final de la película cuando se dan un beso dos personajes y la pequeña Lucy dice que espera no entender que encuentran en eso cuando sea mayor y el adolescente Edmund le dice que él ya es mayor y no entiende que les guste eso.

Lluís Alba