dimecres, 23 de febrer de 2011

Cisne negro

Escribir sobre una película siempre tiene la dificultad de intentar interpretar algo que solo se puede plasmar en imágenes. Más en el caso de Cisne negro, cuyo poder visual traspasa cualquier intención del guión.

Aronofsky y Portman nos introducen de tal manera en el terreno personal de la bailarina Nina Sayers que es fácil dejarse engañar por algunas trampas de guión. Incluso deseamos vendernos a él en pos de un mayor disfrute de la película.

No es cuestión de atacar un guión, que emplea bien sus trucos para avanzar en la historia. Pero navega bordeando esa fina línea que separa la posibilidad de estar ante una obra maestra o metidos en un desastre, sin que el guión sea culpable de una cosa u otra.

Es fácil ver los paralelismos entre El luchador y Cisne negro. Incluso hay cierta estructura que las asemeja todavía más, llegando hasta tener un final prácticamente calcado. Ambas películas hablan de la obsesión por un oficio que imposibilita una vida más allá de su arte.

La obsesión de la bailarina es plasmada en la pantalla con imágenes fruto de su subconsciente, con la transformación física a cisne negro, con secuencias imaginadas que pudieran ser reales. Además de las escenas más evidentes, existe la duda en cada plano de la película por saber si algo ha sido real o viceversa. El viejo obsceno en el metro es claramente producto de la imaginación de Nina, pero no sería tan raro que hubiese ocurrido de verdad. Mientras que la decoración del piso que comparte con su madre, se nos antoja real, pero pudiera ser una recreación psicológica de cómo lo ve Nina. Un piso oscuro, con espejos fracturados, mientras que su habitación queda ajena y mantiene la pureza e inocencia de la infancia. Cuando Nina quiere librarse de esa parte que le imposibilita ser el cisne negro, es en la habitación donde rompe su inocencia, mantiene sus relaciones sexuales y hace desaparecer los peluches que la decoran.

Extraña un poco el próximo proyecto de Aronofsky, una nueva película sobre Lobezno. Donde no podrá libremente hacer todo lo que desee, pero sí supone un reto para demostrar su talento dentro de una gran maquinaria sin que parezca un engranaje más.

Lluís Alba

2 comentaris:

Lunera ha dit...

¿La escena del viejo del metro es su imaginación? Pensaba que eso sí había pasado.. vaya lío tengo montado jajaj

Zumbarte ha dit...

Puede que pasara o puede que no. Creo que es la gracia de la peli.