dijous, 29 de desembre de 2011

No tengas miedo a la oscuridad


Todos afirmaríamos que la profesión principal de Guillermo del Toro es director de películas, a pesar de que sus labores como productor son mucho más prolíficas. Su labor como productor se divide entre apadrinamiento de proyectos ajenos y construcción de propios, pero (casi) siempre busca dar a conocer directores noveles que, sin Guillermo del Toro, no habrían conseguido tanta relevancia. Films tan dispares como El orfanato (ídem, 2007) de J.A. Bayona, Cosas insignificantes (ídem, 2008) de Andrea Martínez o Los ojos de Julia (ídem, 2010) de Guillem Morales tienen al mexicano como el gran baluarte de su repercusión mediática.


No tengas miedo a la oscuridad es un proyecto personal que Guillermo del Toro lleva pensando desde que vio en su infancia el telefilm original Frío en la noche (Don't be afraid of the dark, 1973) de John Newland. Una película oscura sobre el mito infantil del hada de los dientes (que en España tiene su versión con el Ratoncito Pérez), que marcó al productor mexicano. Su apretada agenda, hizo que el proyecto se alargara hasta poder adquirir los derechos del guión y contratar al debutante Troy Nixey como director. Nixey, hasta el momento, solo había dirigido un cortometraje, pero tenía una larga carrera como dibujante de cómics, habiendo colaborado con Mike Mignola, el creador de Hellboy. Por lo que el círculo se cierra.


En presupuesto y diseño de producción la película de Nixey no se puede comparar al telefilm de 1973, cuyo mejor mérito es ser la original y sentar un precedente a películas de los 80 como Gremlins (ídem, 1984) de Joe Dante y sus sucedáneos (Critters, Ghoulies etc...). Para la nueva versión se ha modificado la edad adulta de la protagonista Sally, que en su día fue interpretada por una Kim Darby de 26 años (quien fuera la adolescente de la, también, vuelta a rehacer Valor de ley) y ahora por la niña de 11 años Bailee Madison. Del Toro cambió ese detalle del guión original, porque la mujer sumisa que representaba Sally en el telefilm de 1973 ya no resulta tan creíble en la actualidad. Por el momento, parece que la sumisión sigue presente en la infancia.


La película es bastante disfrutable en labores de producción (toda la imaginería habitual de Guillermo del Toro se puede apreciar en los decorados y criaturas fantásticas), y como cuento de terror cumple. No deja de tener un aire de telefilm (ignoro si buscado deliberadamente), otorgando la sensación de estar viendo una película menor. Aunque los fans del género de terror y fantástico, sabrán apreciar los elementos habituales del director mexicano (como el sótano de El orfanato, las criaturas de El laberinto del Fauno y los decorados naturalistas de Hellboy II) o el guiño terrorífico a los duendes del polvo de Mi vecino Totoro (Tonari no Totoro, 1988) de Hayao Miyazaki.