diumenge, 14 de setembre de 2008

El rey de la montaña

No es habitual en el cine español encontrarnos con una película como esta. Un thriller de terror, donde dos personas que se acaban de conocer son acosadas por un hombre armado en medio de una montaña.

La idea es muy parecida a la ópera prima de Spielberg, El diablo sobre ruedas. Y también, según dicen los que han tenido la suerte de verla, a Deliverance de John Boorman.

Aunque mantiene la tensión durante casi todo el metraje, da la sensación de que alargan la historia todo el rato para que dure la hora y media estándar, algo que no pasaba con la de Spielberg. Pero comparar a alguien con uno de los mejores directores de la historia no me parece justo. Así vemos la inclusión de una pareja de la Guardia civil que resulta artificiosa en el argumento, y sólo sirve para estirar un poco el chicle (además del tópico en que siempre son unos hijos de puta inéptos).

Los dos personajes principales están bien definidos, por un lado tenemos a Quím como un pelele que es capaz de viajar una larga distancia para visitar a una exnovia que probablemente ni lo quiera ver. Y por otro lado, Bea una chica misteriosa de la que no sabemos nada, excepto que es una ladrona, y demuestra más experiencia que Quím para sobrevivir y no perder la calma en las circunstancias en que se encuentran.

Resulta paradójico (y aquí empiezo a desvelar el final del film) que sea el pelele quién sobreviva a Bea gracias a su cobardía. Y es atrevido el tratamiento que se le da al personaje en ese momento, acostumbrados a ver en el cine a personas humildes capaces de sacrificarse por salvar la vida de los demás.

Llegados a ese punto en el que descubrimos que los asesinos son dos adolescentes que están jugando a rol, matando a todo aquel que pasa por la montaña para ver quién tiene más puntos. La película cambia totalmente de punto de vista. Hasta ese momento siempre veíamos todo desde la óptica de Quim, ahora es desde la mirada de estos dos asesinos adolescentes. En ese momento también incluye una secuencia subjetiva en la que vemos a los dos asesinos como si de un videojuego tipo Doom se tratara. Incluso vemos como la cámara sigue a una escopeta en primer plano, y al cargarla desaparece de la imagen, tal y como sucede en dichos videojuegos.

Aunque el final es interesante, resulta lamentable que siempre se utilice al juego de rol en las películas y series españolas para presentarnos a psicópatas y asesinos. Un tópico que hace que la película caiga muy por debajo de lo que había conseguido hasta ese momento.
Spielberg (o el guión de Matheson) logró un final igual de bueno sin que nadie nos explicara los motivos del asesino. Pero, como he dicho antes, no es justo comparar a nadie con un genio.

Lluís Alba

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