dijous, 13 de gener de 2011

Animal Kingdom

David Michôd debuta en el largo de ficción con una thriller de familia mafiosa narrado para los amantes del cine “indie”. Aplaudida y premiada en pasado festival de Sundance, una muestra más de por dónde van los tiros de una película enmarcada en el género negro sin querer aparentarlo formalmente.

Narrar buenas historias de forma eficaz como en la época dorada del cine negro de Hollywood parece algo imposible en la actualidad. Con una sola película, no puedo deducir si Michôd no se cree capaz de ser un buen narrador clásico o simplemente no le interesa y busca una nueva visión del género. Si se trata de lo segundo (como es de suponer), aplaudo su opción, parece más necesario buscar nuevas fórmulas que recrear (por muy bien que se logre) las pasadas. Siempre podremos recurrir al DVD, Blu-ray, Divx, mkv, Utraviolet o el siguiente formato que surja para poder recrearnos en un pasado que siempre nos parecerá mejor.

Animal kingdom sigue algunos cánones del género negro dentro de los clanes mafiosos. Trata sobre unos criminales, tienen conflictos internos en la familia, hay venganzas, asesinatos, trepas. Aparecen polis corruptos, también los honestos (gran Guy Pearce) que siempre van a rebufo de los “malos”. Pero, para tomar distancias, para innovar, para ser diferente, esta película no nos explica jamás a que se dedica la familia mafiosa, no vemos lógica a sus asesinatos, ni motivaciones, ni sabemos por qué la policía los persigue de tal manera. Entramos en la película con una historia ya comenzada, entramos en la familia como el joven protagonista que se muda a casa del clan mafioso. Él tampoco sabe que ocurre, aunque sabe que ocurre algo.

Los espacios en blanco que una película clásica se hubiese encargado de narrar magistralmente, aquí sirven para que el espectador más receptivo a las películas de autor esté más atento para tratar de seguir la narración. Mientras que el resto, aburridos por la espera de que alguien les explique que está pasando, podrán dormir una buena siesta.


Lluís Alba