dijous, 10 de març de 2011

En el centro de la tormenta

Tras una trayectoria profesional de más de 45 años, Bertrand Tavernier cruza el charco para embarcarse en una nueva aventura cinematográfica en EEUU. Para sentirse más cómodo adapta una novela de James Lee Burke ambientada en Nueva Orleans, aunque el (idioma) francés brille por su ausencia en la película. In the electric mist with confederate dead, pertenece a una serie de libros protagonizados por el detective policial Dave Robicheaux, que ya tuvo otra incursión cinematográfica con el rostro de Alec Baldwin en Prisioneros del cielo (Heaven's prisoners, 1996) de Phil Joanou.

Además de adaptase al medio cinematográfico, la novela, publicada en 1993, también se ajusta cronológicamente al 2009 para aprovechar el efecto devastador que todavía perdura del huracán Katrina. Como ya hizo otro director europeo, Werner Herzog, en su versión de Teniente corrupto (The Bad Lieutenant: Port of Call - New Orleans, 2009), también incluye una afectación alucinógena al detective protagonista. Si el tópico de los estupefacientes era una norma habitual de cualquier película ambientada en la zona de Nueva Orleans, parece que, desde 2005, también se le deba añadir el paso del huracán Katrina.

En esta escenografía concreta se mueve Dave Robicheaux, a quién Tommy Lee Jones se encarga de prestarle su físico, detective encargado de investigar dos asesinatos cometidos con 40 años de diferencia. Esta primera premisa ya nos advierte de la dualidad en la que se mueve la película. En una zona en la que conviven negros y blancos, en las que ambos deben tener una doble faceta para ocultar más de lo que pueden mostrar. Para no ser menos, el detective Robicheaux también mantiene una dualidad personal: la del alcohólico que ha dejado de serlo, la del policía honesto que usa métodos deshonestos, la del personaje que vive entre las alucinaciones y la realidad.

Una dualidad que no solo incide en el carácter de todos los personajes, si no que afecta al conjunto, cuando descubrimos en el plano final que las alucinaciones pudieron ser tan reales como el resto de la película.


Lluís Alba