dijous, 31 de març de 2011

Mademoiselle Chambon

Sandrine Kiberlain y Vincent Lindon, los intérpretes de la pareja de amantes que protagonizan Mademoiselle Chambon, están casados, aunque ya separados. Por si fuera poco, la encargada de prestar el rostro a la esposa de la película, Aure Atika, fue amante de Vincent Lindon durante su matrimonio.

Podría seguir relatando el currículum de las amantes de Lindon, entre las que destacan Chiara Mastroianni y Carolina de Mónaco, pero lo curioso es ver el cambio de roles que efectúan en esta película. La que fue su esposa, es su amante y viceversa. Evidenciando que no hay demasiado mal rollo entre el trío y que son unos grandes profesionales. O el director, Stéphane Brizé, es un cachondo.

Más allá que el físico de Aure Atika sea más propio del de la amante, como sucedió en la vida real, es cierto que el de Sandrine Kiberlain es el más apropiado para interpretar a la fina profesora que altera la vida mundana del rudo obrero de la construcción. Al mismo tiempo que él provoca en la profesora una vía de escape para su insustancial vida que la lleva a cambiar de ciudad por toda Francia en busca de una nueva plaza como maestra.

Como se puede deducir por el argumento, esta es una película que trata sobre sentimientos escondidos que afloran en un momento inesperado. Y, lo mejor que tiene es que, tanto el director como los intérpretes, están en estado de gracia cuando se trata de recrear los momentos clave en los que, sin mediar palabra son capaces de transmitir lo que sienten. La música de violín sirve tanto de canalizador para que ellos demuestren sus sentimientos, como para que la esposa se de cuenta de lo que ocurre.

En conjunto, la película no alcanza la sensibilidad de esos momentos más profundos. Pero no todos los días vemos una obra media que aporte secuencias destacables sobre las propias expectativas creadas.

Lluís Alba