dijous, 9 de juny de 2011

X-Men: Primera generación

La fuga de Singer en medio del proceso de producción de X-Men: La decisión final (X-Men: The last stand, 2006) tuvo dos consecuencias graves que han tenido que ser corregidas con el tiempo: el bajón de calidad en la tercera entrega de la saga de los mutantes y una película fallida sobre Superman. En 2012, y de la mano de Zack Snyder, el hombre de acero verá un enésimo relanzamiento. Mientras que X-Men ha necesitado una precuela en la que Bryan Singer se ha visto obligado a tomar las riendas. Solo la falta de tiempo ha hecho que no dirija el proyecto pero, en cambio participó en el argumento y fue decisivo en la fase de producción.

A sabiendas que no podía ocuparse directamente del proyecto, Singer, al menos tuvo la sabia decisión de dejar la dirección en alguien que no fuera un mero comparsa como Brett Ratner. El escogido, Matthew Vaughn, ya demostró su talento con otras adaptaciones de cómics: Stardust (ídem, 2007) y Kick-Ass: listo para machacar (Kick-Ass, 2010).

X-Men: primera generación, se sitúa en los años 60. No es un decisión baladí. Es la década en la que nació la editorial Marvel. La ambientación argumental de la época es aprovechada en todos los aspectos. Visualmente recuerda mucho a las películas de James Bond de Connery, donde podemos asegurar que Michael Fassbender podría ser un perfecto sustituto de Daniel Craig como agente 007. El argumento aprovecha hechos históricos para llevarlos a su terreno de ficción, la crisis de los misiles de Cuba encaja perfectamente con los planes de Sebastian Shaw (Kevin Bacon). Se aprovecha para ofrecer ciertos guiños nostálgicos, como la presencia del Rat Pack de Sinatra o el diseño sesentero de los créditos finales. Y, como no podía ser de otra manera, encontramos el homenaje propio, el homenaje a los cómics Marvel de los 60, tanto los uniformes amarillos, como algún rasgo del argumento del primer número de Uncanny X-Men, están presentes en la película.

La afluencia de tantos personajes obliga a que algunos no se desarrollen en su totalidad. Pero el regreso de Singer, evidencia su influencia en el desarrollo de los personajes centrales, volviendo a la analogía entre los homosexuales y los mutantes. Pues gran parte de la película se centra en el conflicto de la elección entre mostrarse públicamente como mutantes o simular ser humanos como los demás.

Como una compleja maquinaria de engranaje, la película sabe combinar todos sus distintos atributos. Consiguiendo varias capas argumentales que permiten disfrutar tanto a los que buscan una mera película de acción como a los que desean ver algo más.

Lluís Alba