dijous, 2 de juny de 2011

¡Qué dilema!

Como decían en un capítulo de Los Simpsons, Ron Howard abandonó la interpretación para iniciar su carrera como director porque no era guapo. Tan trivial como la idea del chiste resulta su paso por las películas que dirige. Una película de Ron Howard puede ser mala, regular o buena, sin que su presencia destaque para mejorar o empeorar el producto.

En ¡Qué dilema!, Ron Howard vuelve a atacar la comedia. Un género que no tocaba desde hace más dos décadas con ¡Dulce hogar... a veces! (Parenthood, 1989). Para ello cuenta con Vince Vaughn, Kevin James (un exitoso cómico en EEUU que en España hemos podido ver en algunas comedias sin mayor gloria), Winona Ryder y Jennifer Connelly. Esta última siempre agradecida a Howard por propiciarle la posibilidad de conseguir un Oscar por Una mente maravillosa (A beautiful mind, 2002).

Así tenemos: un director que no molesta, unos actores famosos y competentes... Debería salir una peli decente... si no fuera por un guión tan poco trabajado, absurdo (en el sentido peyorativo del término) e incoherente. Una comedia que no tiene gracia, una parte dramática que resulta graciosa, unos personajes odiosos por el menosprecio del guión y, una serie de situaciones incoherentes, que se van aglutinando hasta llegar a la duración estándar de una película.

Si el argumento principal anodino no parece suficiente, se añade una subtrama coprotagonizada por Queen Latifah, que nada tiene envidiar al desatino del resto.

Lluís Alba