dijous, 8 d’octubre de 2009

Thirst

Invitado habitual en el Festival de Sitges, Park Chan-Wook, prometió hace dos años al entusiasta público que volvería con una película sobre el vampirismo. Esto es Thirst.

Viniendo del director de Old boy, hay que dar por supuesto que no estamos ante una película de vampiros al uso. Para empezar el protagonista Sang-Hyeon (encarnado por Song Kang-Ho, que parece ser el único actor coreano que exista), es un cura que por hacer el bien es contagiado con sangre de un vampiro. Una paradoja para reflexionar sobre el bien y el mal, encarnados en una misma persona.

La aparición de una antigua conocida de la infancia, hará que el tono de la película pase, sin ningún problema, del terror a la comedia, o al drama más costumbrista. Incluso alguna elipsis narrativa y la aparición de un fantasma, hace que la película sea por momentos surrealista. Llegando a combinar escenas terroríficas o dramáticas con un toque de humor. Como la secuencia de la suegra tetrapléjica, testigo de todos los crímenes vampíricos, tratando de comunicarse con sus invitados al más puro estilo de La escafandra y la mariposa.

Como siempre, Park Chan-Wook nos deja imágenes que se impregnan en la retina del espectador. Son imágenes imborrables ver a Sang-Hyeon chupando sangre del enfermo en coma o soltar la suya propia a través del agujero de una flauta. Por eso el público de Sitges siempre pide más y Park Chan-Wook nunca dejará de venir.

Lluís Alba