dijous, 21 de maig de 2009

Ángeles y demonios

Ron Howard no pasará a la historia por haber revolucionado (ni evolucionado) el cine. Pero, al menos, sí pasará como uno de esos directores de oficio que han pasado por Hollywood. De esos que gustan a los grandes estudios, pues se puede contar siempre con ellos para tener lista una película decente sin causar ningún problema, al contrario de esos directores con gran ego que se creen artistas. Su constancia fue premiada hace unos años, con el Oscar al mejor director por Una mente maravillosa, a pesar de tener bastantes menos méritos para ello que en otras obras de su filmografía.

Ángeles y demonios, vendida como secuela de El código Da Vinci, a pesar de ser escrita antes, demostrando que no tiene la menor importancia a si las aventuras de Robert Langdon fueron primero en Roma o en París. Lo que sí importa es que la realización de Ángeles y demonios es posterior, y se han corregido algunos detalles que hacían de El código Da Vinci una película algo aburrida y desagradable a la vista. Por un lado vemos que el horrible pelucón que llevaba Tom Hanks en El código Da Vinci, ha pasado a la historia. La duración de la película es algo menor, mejorando el ritmo. También se beneficia de la novela, que no tiene flashbacks históricos entorpeciendo la narración, ni los precipitados (y forzados) viajes.

A pesar de los esfuerzos por dar veracidad a la película, hay que tomársela como una ficción de entretenimiento, pues el argumento es tan descabellado que no se lo cree ni el propio Langdon. Si la película no es catalogada dentro del género fantástico es por la cantidad de detalles histórico-geográficos que aporta la novela de Dan Brown. Para los aficionados al misterio creará interés por saber más de los Illuminati y los turistas desearán visitar Roma para poder ver el Panteón, la piazza Navona o El Vaticano. Por ellos es mejor no pensar mucho en la verosimilitud de la historia, ni en los garrafales fallos de guión (viendo que también los había en El código Da Vinci, creo que son conscientes y forman parte del estilo Dan Brown). Lo mejor es disfrutar de una película correcta de entretenimiento, que logra evadirnos de nuestra triste vida durante un par de horas.

Si fuera responsable de la televisión del Vaticano, contrataría a Ron Howard para retransmitir la próxima fumata blanca. Mostrada más claramente y con mayor espectacularidad que el plano lejano que dificulta la visión del humo blanco al que estamos acostumbrados en la televisión. Incluso le dejaría grabar un plano aéreo de la chimenea en algún helicóptero con camarlengo saltando en paracaídas incluido. Quizás así la Iglesia tendría nuevos devotos.

Lluís Alba

1 comentari:

Markus ha dit...

Yo la he encontrado una pelicula muy entretenida y más facil de entender que el codigo da vinci.

He disfrutado viendola, la recomiendo.