dimecres, 24 d’octubre de 2007

The ugly swans


Atmósfera inquietante

The Ugly Swans (cuyo título original es Gadkie lebedi) es la última propuesta del director ruso Konstantin Lopushansky, autor poco conocido en nuestro país que cuenta en su haber con otras producciones de corte fantástico como Dead man’s letter o The museum visitor. La película en una de esas rarezas que difícilmente pueden encontrarse fuera de un festival de cine y que recompensan al espectador por su atrevida elección.

La historia, adaptación de la novela que los hermanos Arkadi y Boris Strugatsky escribieron en 1966, cuenta el viaje de Victor Banev, un escritor enviado por las Naciones Unidas a una sombría ciudad llamada Tashlinsk que ha sido tomada por unos seres mutantes. Su misión es investigar el caso junto con la comisión que le acompaña, pero Victor tiene otras motivaciones ya que, su hija, se encuentra en la ciudad retenida en una extraña escuela controlada por los mutantes. Allí enseñan a los niños del pueblo a menospreciar a los seres humanos en beneficio de una supuesta inteligencia superior.

Inquietante y opresiva la película debe gran parte de su aciertos a una puesta en escena cruda y desconcertante. El aire apocalíptico se respira desde la primera imagen en que vemos a Victor viajando en tren mientras mira por la ventana un bosque ardiendo. El único medio contra el fuego es un impotente camión de bomberos que nada puede hacer contra el fuego (en clara alusión a la limitada inteligencia del ser humano y su total menosprecio por la naturaleza). Es una puesta en escena austera pero de gran fuerza visual digna del maestro Tarkovski que marca el desarrollo de toda la película. La ciudad, Tashlinsk, esta inundada casi por completo debido a una incesante lluvia (no en vano los mutantes son llamados Los Acuáticos) y una luz roja tiñe los edificios y las calles que desprenden oxido y humedad.

El desarrollo de la película se debate entre las dos líneas antes mencionadas, el estudio de los extraños seres y la búsqueda de Ira, la hija de Victor. Es entonces cuando el argumento pierde un poco el rumbo y hace gala de una ambigüedad en la que el espectador no sabe donde agarrarse, nada grave pero hace que el relato deambule entre las dos tramas sin profundizar del todo en ninguna dando una sensación de historia incompleta. Sin embargo, la intensa secuencia final (que no explicaremos) equilibra parte de las dudas y se torna dramática e intensa y el sentido de la película queda brillantemente cerrado.


Alex Martínez Ruano

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