dijous, 16 d’octubre de 2008

Quemar después de leer

La nueva película de los Coen llega sin apenas repercusión y sin mencionar que es obra de los triunfadores de la pasada gala de los Oscar. Parece que para los medios generalistas sea más una peli de George Clooney y Brad Pitt, como si de una nueva parte de la saga Ocean’s eleven se tratara.

Como esta película ya estaba preparándose cuando les llegó el éxito del Oscar, todavía es pronto para ver si los Coen cambiarán a partir de ahora. Lo que sí es Quemar después de leer un regreso a la comedia después del thriller seco que supuso No es país para viejos.

Quemar después de leer, en mi opinión, está en un nivel medio-alto de la carrera de los Coen. Es decir, su regreso a la comedia no les ha hecho volver a sus trabajos más mediocres: Crueldad intolerable y, sobretodo, Ladykillers.
Es una película de enredos entre personajes estúpidos, mezquinos, cobardes, infieles, mentirosos etc… Quizás descolocados por los tiempos en que vive la sociedad estadounidense post 11-S.

La acción se sitúa en Washington, centro del poder político de los EEUU. Y todo el enredo comienza en la CIA, despidiendo a uno de sus empleados (John Malkovich), desencadenando todo el desastre que implicará a los protagonistas. Toda una metáfora de lo que suele hacer la CIA en el mundo, crear los problemas que luego no sabe resolver. Queda plasmado con ironía cómo una organización de espionaje internacional como la CIA es incapaz de entender que es lo que ocurre entre los protagonistas del film, y no puede resolver lo que ellos mismos han originado sin darse cuenta. Sus únicas soluciones son evitar que los problemas salgan a la luz pública, esperar que se resuelva solo y mirar para otro lado.

Mientras que los protagonistas son un retrato de lo más mediocre de la sociedad occidental: un George Clooney un adúltero compulsivo y mentiroso, un Brad Pitt haciendo de tonto musculitos, Frances McDormand cuya único objetivo en la vida es poderse hacer una operación de cirugía estética, Tilda Swinton como una mujer fría y calculadora y John Malkovich un irascible alcohólico.

En definitiva, una serie de personajes bien definidos, un buen guión de enredos, que contiene el humor negro tan característico de los Coen, con un doble fondo irónico y un final anticlimático convierten a esta película en la confirmación de que los Coen siguen en el buen sendero y, también con la comedia, vuelven a hacernos disfrutar en el cine.

Lluís Alba