dimecres, 8 d’octubre de 2008

Reflejos

Nueva película de Alexandre Aja y nuevo remake. Tras la justamente aclamada Las colinas tienen ojos, ahora se mete en un remake de una cinta coreana: El otro lado del espejo (Geoul sokeru) de Kim Sung-ho. Como no he visto la original no me meteré en comparaciones inventadas.

Tampoco la compararé con los otros dos trabajos de Aja que he visto, porque esta saldría perdiendo. Y no es justo.
Reflejos es una buena película de terror. Más que por su argumento, pues es el típico basado en producciones asiáticas de los últimos años, por lo bien que lo hace Aja. La ambientación está muy cuidada. Casi se puede palpar y respirar el polvo que hay en el hotel en ruinas dónde el personaje de Shuterland debe pasar las noches como vigilante (algo así como una versión oscura de Noche en el museo, pero en vez de muñecos parlanchines revoltosos, se encuentra con espejos que pretenden matarle). Un hotel en ruinas desde hace años, dónde no hay nada que vigilar, pero que sirve de premisa para que Shuterland lo pase mal durante la peli.

Además de un trabajo de mierda, Shuterland lo tiene todo para ser un desgraciado en esta peli: separado de su mujer, expulsado temporalmente del cuerpo de policía, traumatizado por disparar a un hombre, duerme en el sofá de su hermana y es adicto a unas pastillas para evitar ser adicto al alcohol. Con todo ese panorama, es normal que cuando empieza a comentar que los espejos le persiguen y pretenden matarle nadie le crea (aunque si fuese una persona ordenada tampoco le creería nadie en su sano juicio). Con la paradoja de los que vemos la película sabiendo que todo es una ficción nos creemos la historia que nos cuentan.

Aunque se nota que es un trabajo de estudio, Aja puede deleitarnos con su gusto con el gore, a pesar de estar bastante rebajado con respecto a sus anteriores películas. Sí encontramos alguna escena de impacto, como la publicitada de la bañera, que pierde su efecto por habernos mostrado la imagen en todas las revistas y webs que se dedican a este mundillo. Demostrando que cada vez es mejor no ver ni un tráiler ni una foto antes de una peli.

Lo peor de la peli son algunas concesiones que se deben al estudio (que creen que el público adolescente es ignorante, y lo malo no es que tengan razón si no que sus imposiciones surjan de esa premisa). Concesiones como la de los manidos sustos fáciles subiendo el volumen de un grito, un golpe o unos cristales rompiéndose, o la del final demasiado visto ya (como los finales de El hombre sin sombra o El exorcista: el comienzo, versión Renny Harlin).

Por suerte Aja dirige bien ese final y, lo que es mejor, nos acaba la peli con un epílogo mucho más acorde con el resto de peli y con sabor a La dimensión desconocida.

Lluís Alba