dilluns, 13 d’octubre de 2008

Vinyan

La cuarta película de la maratón de Sitges, venía con un premio del jurado joven del certamen bajo el brazo. No sé cómo se elige ese jurado, ni como ellos deciden qué película les parece mejor. Pero el criterio que han tenido este año da ganas de no volver a ver una película recomendada por estas personas nunca más.

Creo que para ser la cuarta película de una maratón, necesitaba más caña. No es que la película sea desdeñable. Tiene unos créditos fantásticos. Una ambientación y efectos sonoros de lo mejor que he visto últimamente. Unos protagonistas guapos y atractivos, un inicio de historia que promete ser interesante. Pero… eso es todo. Un bonito envoltorio para una película que no pasa nada.

El resumen sería una pareja que buscan a su hijo tragado por una ola del famoso tsunami del 2004, acuden a un traficante de niños para que les muestre todos los poblados escondidos de Birmania para ver si su hijo está en uno de ellos. Todo es eso, hasta los últimos 5 o 10 minutos que la cosa cambia y se acaba la película.

Alguno de los participativos espectadores de Sitges llegó a gritar (cuando llevábamos más de una hora): ¡¿Cuándo empieza la película?! Y, al finalizar fue abucheada por un público decepcionado y quejándose de las personas que habían hecho la elección de este maratón.

Lluís Alba